El Aleph de Ramón: Inventario nº 16

Los dos fragmentos que he reunido hoy son particularmente difíciles. El primero es un detalle del ángulo superior derecho del panel correspondiente al Inventario nº 3, y el segundo sería la continuación -por el lado inferior- del panel correspondiente al Inventario nº 12. Los resultados de mi rastreo son, como podréis comprobar, escasos. ¿Os queda valor para un decimosexto intento?

Ya comienzan en Poe las anchas cabezas norteamericanas. Frente de Atlante que tiene que encararse con la gran responsabilidad de un mundo nuevo. Eran un blanco superal, pues –por más que pasase algún negroide por el horizonte- era de esa raza más pálida que las demás razas, que es la raza americana. Con su sombrero de copa –chimenea de sus pensamientos- y su corbata de tres vueltas que le hacía parecer anginoso, era el poeta de las valijas vacías. Poe es un caso especial, una entelequia con un valor latente superior a su obra, por lo cual es más importante que lo que hizo el paso adelante que dio en el tiempo, para bien de todos, para luz de todos.
(Edgar Poe: el genio de América, 1953)

Las confusiones de la política hacen naufragar a las almas más vigorosas. Don Francisco se refugia en sí mismo y comprende el desperezo y despertamiento que trae a España la irrupción francesa, aunque después, movido por la bárbara coacción del patriotismo cerril, tenga que ser el pintor de los grandes episodios de aquella lucha. De un lado, la razonable misión de quien no fuera un cretino como Fernando VII, y de otro, el horror de la guerra. Goya comprende los dos extremos, arrastrándose como herido de desconcierto.
(Goya, 1928)

Joan Miró con su aire de payés atónito, de hortelano invicto, de floricultor rústico, es el fiel surrealista que no da un paso más allá de su idea. Él sólo sabe el equilibrio de sus signos psicológicos en el cielo y en la tierra, sobre azules mediterráneos que le consuelan de vivir en París. Personajes de circo, payasos disimulados y perros amaestrados, se mezclan a trapecistas y escaleristas que quieren alcanzar sus medios soles colgados de lo alto. No ceja en sus grafitos con cuernos – alusiones de tapia trazadas por la tiza o el carboncillo del niño anónimo- y se somete a todo el rigor de la crítica o del pasmo. ¡Hasta la muerte! Sigue escribiendo cartas de amor en el estilo surrealista y come parancia como si fuese un pescado, si insoluble no por eso incomestible. Es impertérrito, cuida sus enigmas sintéticos y sabe el gancho que se necesita, la pluma retorcida, que debe volar, dotando de rabos –los suficientes rabos- a sus cuadros. Es el hombre que más calla y logra las formas imperdonables – ni de los niños, ni de los locos, ni de los pintores que pintan con residuos visuales-, las formas que no admiten el parecido ni la contrarreforma. Cosas que no evoquen nada –ni preparados de laboratorio, ni microbios, ni nada- y que en el conjunto del cuadro estén compensadas unas con otras como sólo él sabe hacerlo.
(Dalí, 1977)












































arati dijo
Estimado Rr: pufff, ¡cada vez nos lo pone más complicado!
En el primer panel abajo a la izquierda asoman los rizos de Bécquer: http://deim.urv.cat/~bherrera/becquer.jpg
Las dos chicas paseantes parecen impresionistas, pero no las ubico.
Y... por ahora no sabría decirle nada más.
Saludos
12 Abril 2009 | 10:04 PM