Dani Sanchis: Alta Fantasía

En sus largos paseos por la web, este maquinista se ha encontrado collages de todas las clases y colores, y sus autores pertenecen a todas la geografías. A veces comete uno el error de creer que la distancia (esa cosa tan relativa en Internet) concederá un valor añadido a una obra determinada, pero me salva del equívoco encontrar a collagistas como Dani Sanchis. Con ese nombre que tiene, exento de todo misterio y de toda aura, no puedo evitar pensar que en realidad me encuentro ante mi vecino del 4º B, pero ya quisiera mi vecino del 4º B hacer collages (o cualquier otra cosa) con el encanto que le pone Dani Sanchis.

Lo primero que llama la atención de sus collages son esos estupendos materiales que destroza con maestría. Porque para collagear no basta con armarse de unas tijeras y una mesa de trabajo donde ir desparramando revistas viejas. No señor, primero hay que buscar en los libros, es preciso rebuscar infructuosamente durante meses, perderse, perder el tiempo, acumular cosas viejas, a menudo sucias y como mínimo polvorientas. Colecciones de estampas, almanaques, cuentos, resmas de papel viejo olvidado en un trastero, hojas contables, diccionarios escolares, revistas de la Transición o manuales de la República. Hay que fabricarse un buen Síndrome de Diógenes, uno bien administrado, un desorden acumulativo que, al igual que en el caso de Joan Brossa, no sea sino prolongación de un estado mental particularmente abierto y disperso. Ese es el buen abono del collage. Y a juzgar por sus collages, Dani Sanchis lo conoce bien.

Observemos, por ejemplo, este collage titulado El gran simpático. Dani le ha metido mano a uno de esos dibujos que en los manuales de ciencias del colegio nos mostraban el sistema nervioso del cuerpo humano. Quién hubiera pensado –por supuesto todos, pero también nadie, y sin embargo ha sido únicamente Dani el que le ha dado forma- que esas ramificaciones nerviosas querían –es evidente que lo deseaban- prolongarse en forma de árbol, y que no podía ser de otro modo tratándose de algo que tenemos dentro del cuerpo y que, mira por donde, se llama “el gran simpático” y está relacionado con no sé qué cosa que rige nuestras ocultos brotes vegetativos.

En algunos collages de Dani el azar verbal y el icónico se entrecruzan y se aguijonean con brillantez. Es por eso que no recompone únicamente figuras, ese tipo de hallazgos visuales de uno u otro perfil inesperado, sino que hay un bailoteo de palabras y frases y números siempre provenientes de algún tratado serio o de un diccionario, palabras que Dani reordena e injerta a favor de su conspiración en forma de collage. Es lo que ocurre con el siguiente collage, digno de una greguería ramoniana.

Ni qué decir tiene que la conspiración de estos collages es una conspiración poética que a veces alcanza altura aerostática. Y es que creo que Dani es –él también- un brossiano devoto. Por eso, mientras observaba estas imágenes he acudido a buscar aquella entrevista que Joaquín Soler Serrano realizó al poeta catalán en 1978. Quería localizar algo que Brossa afirmaba en aquella ocasión, unas pocas palabras que se me quedaron grabadas hace tiempo, y que nunca he encontrado –formulado de ese modo sentencioso- en ninguno de sus libros (transcribo directamente desde el vídeo, lo que explica el tono coloquial del texto):
La fantasía la detesto. Porque la fantasía es aquello que decimos en catalán somniar truites. Lo que me interesa es la imaginación, que es el desdoblamiento de la realidad, la metamorfosis. Un poema parte de una realidad, entonces el poeta lo trabaja a través de su sensibilidad, y da como resultado una metamorfosis válida, porque se basa en una realidad. En cambio la fantasía no, la fantasía por ejemplo es el Walt Disney, que no me gusta nada, porque es la fantasía, la bobería, etc.”
Brossa, Joan. Programa A fondo, TVE, 1978

En algunos de los papeles que Dani ha utilizado para sus collages aparece un membrete impreso con una bonita tipografía de color rojo que reza: Alta Fantasía, y esas dos palabras me recuerdan algo así como un lema empresarial, o quizás esa escueta frase que se imprime en las tarjetas de visita, en este caso la tarjeta de visita de un artesano del collage. Pero claro está, la fantasía de Dani no es esa a la que se refiere Brossa. Nada de boberías. No el lugar común. Más bien la fantasía de lo perfectamente improbable: un carro tirado por un pez, un elefante funambulista cuyos colmillos son las piernecitas de un colegial, mujeres cuya cabeza se ha convertido en ala de mariposa, o el dolor transubstanciado en un embrollo transportable.

Alta fantasía como alta fontanería poética. Dani no se ocupa de lo exquisito, sino que se afana entre las tripas del material gráfico, metamorfoseando casquería impresa y boberías de manual en figurantes de su imaginación. Leñero del lenguaje. Collages fetén.








































APG dijo
Muy creativo e ingenioso.
Saludos desde Baires,
APG
1 Febrero 2009 | 07:05 PM