El Aleph de Ramón: Inventario nº 13

Tan solo unos meses para tomar aire, y aquí me tienen de nuevo inmerso a pulmón en el estampario.


Muy cercanas entre sí aparecen estas dos Ledas en el panel. Sin embargo, ninguna de las dos es propiamente obra de Da Vinci, o al menos no está del todo aclarado el grado de participación de Leonardo en ambos lienzos, por lo que hay que atribuirlas al taller del maestro. De lo que no cabe duda es de que en las primeras décadas del siglo XVI Leonardo trabaja insistentemente en el tema, como lo demuestra el número de bocetos conservados acerca de este episodio mitológico

Cabe la posibilidad de que se realizara, por mano de Leonardo, una Leda de la que no ha quedado rastro y en la cual tendrían origen estas dos obras íntimamente emparentadas, pero tratándose de la personalidad variable e inconstante Da Vinci, es bastante probable que el trabajo del maestro terminaran reduciéndose a nos cuantos dibujos como este, y que sus aprendices hubieran de vérselas después para finalizar los encargos.

Entre los muchos cuadros que el escritor observa fugazmente en aquella mítica visita nocturna al Museo del Prado que realiza en 1921, Ramón también ve a
La Dánae, de la que el farol sólo ilumina las piernas dobladas como las dobla la mujer acostada en la noche sin sábanas y sin camisa del quince de agosto, en el Museo en que está todo cerrado y se ahoga uno.
(La Sagrada Cripta de Pombo, 1924)

En el relato de aquella incursión nocturna, el escritor también nos cuenta que
El cielo de Las Lanzas brilla con viva luz, y sus lanzas lo enardecen. El lomo del caballo brilla con un brillo chapoteador –permítaseme esa unión de una palabra que significa luz con otra que significa un ruido más blando que el del azote-. Parecía que todos estos militares iban a estar en el cuarto de banderas del Museo; pero todos están en pie, haciéndose cargo de su deber eterno.
(La Sagrada Cripta de Pombo, 1924)
Posteriormente, ya instalado en Buenos Aires, Ramón acomete una biografía del pintor sevillano, dedicando un apartado completo del libro a Las lanzas que rindieron a Breda:
En el recuerdo el cuadro de Las lanzas acrece sus lanzas, sus soldados, el paisaje del fondo, en el que aún arden los últimos fuegos de la batalla, y no habiendo más que dos caballos visibles, parece que hubiéramos visto muchos más. Es portentoso ese efecto recordatorio, y es que el lomo o ancas de caballo vencedor recula sobre los espectadores, retiene a la multitud en su puesto, da toda la sensación de poder que ordena el tope. Velázquez, equidistante, hidalgo, noble, adorna al vencido con mejor traje y mejor valona que los dos que lleva Spínola [sic], aunque este está vestido con su más munificente sonrisa.
(Don Diego de Velázquez, 1943)

Viene esta Venus a sumarse al batallón de diosas desnudas que pueblan el estampario y que han ido apareciendo en los sucesivos inventarios, principalmente el nº 4.

Ramón no dedicó a Julio Romero de Torres una monografía como la que escribió sobre Solana, o tan siquiera un retrato como el dedicado a Darío de Regoyos, pero en sus libros asoman numerosas referencias al pintor cordobés. Por ejemplo, en su retrato de Norah Borges, hace un gran hincapié en la visita que la pintora realiza a Córdoba, y el enorme interés que despiertan en ella las obras de Julio Romero
Ella pasará por las exposiciones de París, verá a Picasso y a Matisse, pero yo aseguraría que cuando se encuentra cerciorada en su arte, cuando encuentra definitivamente la entrepuerta de las casitas bonaerenses, cuando se iluminan en luz de naranja sus patios recoletos, es cuando ve al maestro de Andalucía rodeado de sus mujeres apoyadas en el quicio de la puerta o asomadas al balcón bajo, con la perspectiva de la plaza silente y exprimida de ocasos.(…) En la hora en que Norah asiste al delirio sentimental de su estudio, es cuando Julio Romero de Torres da su lección tauromáquica más pura, y torea el atardecer y el anhelo que pone ojerosa a la mujer en la espera exquisita.
(Retratos completos, 1961)

Ya hemos podido ver todos una imagen de Charlot en su nueva película El Dictador, y se da el caso de que como Hitler había imitado su bigotito y su actitud lívida y encarada de ojos atónitos, parece que Charlot se imita a sí mismo, se plagia escandalosamente. (…) Él solo, en su estudio secreto, rodeado de precauciones, con cepos para los espías, ha ido inventando los episodios para torpedear las tiranías, la burla con que contraponerse a la gloria mal ganada de los forzudos. En su gran soledad leía los telegramas, veía impertérrito las variaciones de la guerra, persistía en su propósito sin arredrarse, sin considerar que ningún acontecimiento torcía su película, última bandera de rebelión en un mundo vencido.
(Retratos completos, 1945)
La fotografía se corresponde con esta escena de la película.

He recortado este fragmento del estampario porque, aunque no he encontrado la imagen exacta de que se trata, tengo la certeza casi completa de que se trata de alguna imagen promocional del film You were never lovelier (Willam A. Seiter, 1942) (conocida en España como Bailando nace el amor). Este largometraje fue el segundo de los dos únicos que Fred Astaire rodó con Rita Hayworth como partenaire, y esta vez el film estaba ambientado –con el particular estilo holywoodiense- en Buenos Aires, lo que explicaría que Ramón, instalado en esa ciudad desde el estallido de la Guerra Civil, encontrase la fotografía en alguna revista local de actualidad o de cine. En Youtube puede verse el trailer comercial de la película.










































conde-duque dijo
Eres la leche, Rrose. Este inventario debería convertirse en libro (ilustrado, claro). Ya lo echábamos de menos.
Un saludo.
26 Octubre 2008 | 05:44 PM