El Aleph de Ramón: Inventario nº 12

Con la publicación de esta duodécima entrega abandono temporalmente el Inventario hasta el próximo otoño. O lo que es lo mismo: todo está por hacer aún.

Este cristo del renacimiento español me acompaña desde que dí comienzo a este inventario demencial. Es un cristo hermoso y dramático, pero completamente mudo, ya que no consigo arrancarle una última verdad. He preguntado a amigos y compañeros, he consultado manuales de arte, he buscado metódicamente y al azar, y no he logrado hallar
imagen mejor que ésta tan defectuosa que ven, recortada directamente del panel. Parece que los especialistas se decantan en los últimos tiempos por atribuir el cuadro a Vicente Maçip (1475-1545), padre de otro gran pintor del siglo XVI español, Juan de Juanes (1523-1579). La fecha de ejecución no es segura, y esto hace que la autoría del cuadro haya virado del padre al hijo y del hijo al padre según las circunstancias. En reputados manuales la obra no se atribuye ni a uno ni a otro, sino a Luis de Morales “El Divino”, lo que termina de complicar la cosa, pero es probable que Ramón la tomara como obra de este último, o que simplemente ignorara el autor.

No me parece casual que, en el panel, el cristo de Maçip dirija su mirada directamente hacia un par de esplendorosas piernas rematadas por un sombrero. Me temo que Ramón era muy dado a este tipo de coincidencias. En sustitución de esas misteriosas y suculentas piernas que no he localizado, coloco aquí la magnífica Odalisca de Horst (1906-1999), que está situada en la zona derecha del panel, casi recostada sobre una escalinata sembrada de cadáveres. Horst recoge la herencia de Man Ray y todo el sustrato surreal de los años 20 y 30, adaptándolo de forma definitiva al terreno de la moda y el reportaje, cosa que Man Ray solo había hecho ocasionalmente. La sofisticación, la elegancia, el erotismo, la depuración de las formas, y un acertado control de la luz hace de esta fotografía una obra maestra, cuya sensualidad se suma a la infinidad de venus y odaliscas que pueblan el estampario, como las que ya aparecieron, por ejemplo, en el Inventario nº 4.

Es la época de sus ojos sin esclerótica y con el sistema nervioso y muscular a la vista, la época de sus cuadros en ráfaga y el hallazgo de los relojes reblandecidos que señalan las horas fláccidas y por lo que le odian los relojeros suizos que no han podido construirlos en sus talleres.
Eleva al cubo lo imaginario, lo obsedante, el gallo, el paraguas, la mesita de luz, la mesa de noche.
Dalí practica la realización sublimada de sus deseos, tribulaciones y delicias infantiles. (Lo que más le hubiera gustado ser es canguro y más siendo pintor que no sabe llevar sus cajas y cartapacios.)(Dalí, 1977)

Un cuadro de flores puede ser eterno, pero las flores frescas revelan el tiempo que estamos viviendo, el tiempo que vive y muere !apasionado por eso!
(Diario póstumo, 1972)

Cuando Dalí quiso pintar en una explanada la compleja visión de España, el punto central, el ara del conjunto fue una mesilla de noche. (…)
La mesilla de noche ha tenido una tremenda importancia para el español como escritorio de sus agonías, como soporte de su libro de cabecera y de sus medicinas, como ese altar del eremita en que están colocadas la cruz y la calavera.(Nostalgias de Madrid, 1956)
Encuentro una similitud –quizás muy subjetiva- entre el rostro exánime de Zweig (como sumido en un ronquido fatal) y el cuadro La persistencia de la memoria, de Dalí (ambas imágenes están juntas en el panel). Sobre todo en lo concerniente a la nariz, el párpado, las fosas nasales y el bigote del escritor, que encuentro parecidos a ese rostro dormido que Dalí pintó a medio camino entre el falo y el percebe. Stefan Zweig llegó a Brasil en 1941, después de pasar por París, Londres, Estados Unidos, Argentina y Paraguay, en una larga huida del nazismo, que vetaba sistemáticamente sus obras. A comienzos de 1942 las dificultades para proseguir su trabajo y el convencimiento de que el eje alemán obtendría la victoria en la guerra habían hundido al escritor en una profunda depresión. El 22 de febrero se suicidaba junto a su última esposa Charlotte Elisabeth Altmann, mediante una sobredosis de barbitúricos, no sin antes escribir varias cartas exponiendo los motivos de su decisión y dejar preparado hasta el último detalle de su entierro y su testamento. Existen innumerables detalles escabrosos acerca del suceso, y parece probado que los cadáveres fueron manipulados para la realización de las fotografías que aparecieron en la prensa en los días siguientes.

Automoribundia (1948) contiene varios pasajes en los que Ramón pasea su mirada por las fotografías de su despacho. En uno de ellos, escribe:
Por fin abro mis biombos y señalo a la más bella Venus de los harenes, la última fotografía de Stefan Zweig y su mujer, recién suicidados en la cama de su hotel en Brasil, y como tropezamos con una postal de esas cuya dama está dotada de pelo natural digo con cierta sorpresa:
- Ya ven, a ésta le ha salido pelo.
La exhibición es interminable y por eso me resulta entretenido a través de los días mirar a las paredes de mi secuestronario o antro ilustrado, y por eso precisamente no acaba ahorcándose el escritor.(Automoribundia, 1948)










































pablo dijo
Hola Rrose
Por fin se desvela el anunciado suicida del panel ramoniano. Me tenías en ascuas. Cada nuevo inventario veía suicidas por todas partes
Menuda instantanea. No sabía que existía esa foto. Tan gráfica (es tragigráfica)
Ni que decir que me hubiera encantado colaborar más en los últimos inventarios, pero es lo que tiene la ignorancia, que te detiene.
Un abrazo.
21 Junio 2008 | 05:41 PM