El Aleph de Ramón: Inventario nº 9

Como quien no quiere la cosa, llegamos a la novena entrega del inventario. El Greco, Salvador Dalí, Arcimboldo, Harpo Marx... todo se da cita en el estampario de Ramón.

Esta es la portada de la revista que Ramón tijereteó aquí y allá para incorporar varias fotografías del reportaje a las paredes de su despacho, tal y como ya se explicó en el Inventario nº 7. Si observamos otros lugares del estampario, encontraremos impactantes fotografías de conflictos bélicos reales, imágenes de cadáveres esparcidos por el suelo tras un ametrallamiento, o amontonados por el efecto de alguna bomba, y la inquietud se instala en el observador cuando comprueba la desarmante similitud que existe entre estos destrozos de guerra, ya sea porque la fe proporciona a las imágenes sacras el valor de un ser humano real, ya sea porque los seres humanos son poco menos que muñecos frente a la barbarie de la guerra. Ramón dió su visión de la Guerra Civil española en Automoribundia:
Cada uno se metió en su casa y comenzaron los cañonazos y los tiros. Yo velé hasta las diez de la mañana, después puse unos colchones en la ventana de mi alcoba –recordando a mi abuela que hacía eso en las asonadas que brotaban en el Madrid de sus tiempos- y cuando desperté pregunté a Bartolozzi lo que había pasado.
La cosa iba mal.
La revolución es lo que más se parece a la muerte. Es mucho más crimen que la guerra. Es detestable la revolución porque no tiene sentido el emplear la lucha sangrienta por un programa mortal cuando solo merecería eso una cuestión de eternidad. Solo la vida eterna y Dios merecen el martirio.
Los españoles, deduje entonces, cada cien años quieren matarse unos a otros.(Automoribundia, 1948) (Capítulo LXXX)

Esta imagen proviene de la exposición virtual El Martirio de lo Sagrado, y la fotografía, que al parecer es lo único que queda de una de las varias Magdalenas que pintó el Greco, debió publicarse originalmente en el ya referido ejemplar de la revista L´Illustration. Pero no me queda más que poner en duda la afirmación de que la obra se perdió entre las llamas, ya que la santa anacoreta de la fotografía es idéntica a esta otra, de dudosa autoría

Si efectivamente se trata de la obra de un seguidor, el modelo original hubo de ser la Magdalena penitente del Nelson-Atkins Museum of Art, que es extremadamente similar. Desaparecida o no, salida del taller del Greco, de la paleta de su hijo Jorge Manuel, o de algún otro avispado, lo cierto es que Ramón tomó la imagen como obra del pintor cretense, y se refiere a ella cuando escribe:
Hay como un sufrimiento físico en sus santos, hombres o mujeres. María Magdalena mira al cielo, persigue su esplendor, y su rostro se contrae dolorosamente, en tanto su alma lucha por abandonar la carnal envoltura con mortal palidez, medio vencida ya. (…)
Algunas veces son Marías Magdalenas o Marías Egipcíacas las que tienen cerca o en la mano la calavera despertadora, pero se da el caso que no es de mujer, sino de hombre, porque no se puede suponer que la fea calavera sea calavera femenina. (…)
Viendo y estudiando libros de arte español, choca cómo los grandes artistas de la pintura y escultura han representado a la calavera como adorno de rincón en sus obras de arte.
Cuando el penitente estaba en la soledad fragosa de su penitenciaría natural –una cueva cerca de un regato-, además de la cruz que le era fácil de hacer con dos ramas y un poco de pleita o juncos, husmeaba con olfato de confesor último, el bibelot preformado por la naturaleza, el único objeto con sentido que podía hallar por aquellos contornos y por fin daba con una calavera.(El Greco, el visionario de la pintura, 1935)

Dalí es, casi con toda seguridad, el pintor cuya obra más abunda en el estampario de Ramón, pero me ha causado sorpresa encontrar este boceto en concreto, ya que es especialmente raro, y bastante desconocido para el gran público. Su historia bien merece una explicación. Dalí era un gran admirador de los Hermanos Marx, pero principalmente de Harpo Marx, al que consideraba, junto a Walt Disney y Cecil B. de Mille, una luminaria de la cultura norteamericana. Como muestra de admiración, hacia 1936 el pintor regaló a Harpo un arpa forrada de cucharillas de café y a la que había sustituido las cuerdas por alambres de espino. Al parecer el regalo le gustó mucho a Harpo, que accedió a fotografiarse tocando el singular instrumento, eso sí, con los dedos vendados.

Dalí intentó convencer a Harpo para realizar una película juntos, y para ello se puso manos a la obra, escribiendo un guión de cine titulado Giraffes on horseback salad (Jirafas en ensalada de lomos de caballo). La posibilidad de una colaboración real entre ambas figuras no llegó, por supuesto, a buen puerto, y la tentativa forma parte de la accidentada relación de Salvador Dalí con el mundo del cine. Así pues, esta Góndola surrealista es uno de los bocetos que acompañaron al mítico guión de cine, e ilustra una de las escenas más delirantes del filme (que iconográficamente incorpora resonancias de otros proyectos previos de Dalí para el cine como Babaouo). Los escasos manuscritos originales de Jirafas en ensalada de lomos de caballo, y las circunstancias del proyecto han sido minuciosamente analizadas por Félix Fanés en un artículo titulado Dalí y Harpo Marx. Un guión inédito que está alojado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, y del que cito unas líneas:
…disponemos de un interesante dibujo en el que se puede ver sobre la proa de un barco, que navega por entre un mar de ciclistas con una piedra en la cabeza, a Harpo tañendo la inevitable arpa, a Groucho fumando, a Chico, vestido de buzo, tocando el piano, a dos figuras recostadas y a algunos componentes de lo que suponemos una innumerable orquesta. Este dibujo, del que disponemos de una segunda versión con algunas variantes, se corresponde con el siguiente fragmento de guión: «(...) una competición para personas que conducen bicicletas lo más lentamente posible sosteniendo una piedra en la cabeza. Todos los participantes llevan grandes barbas como Landrú. En el centro se levanta una torre con la forma de la proa de un barco para ser usada por los árbitros. (...) En la torre, Harpo se sitúa en el centro tocando el arpa estáticamente, como un Nerón moderno. A su lado, dando la espalda al espectáculo, se halla Groucho, acostado, fumando perezosamente. Al otro lado, la Mujer Surrealista y Jimmy miran el espectáculo recostados el uno al lado del otro. Detrás, Chico, vestido de buzo, acompaña a Harpo con el piano. Escalonada a lo largo de la rampa que conduce a la torre, una orquesta interpreta el tema principal con intensidad wagneriana mientras el sol va desapareciendo en el horizonte.

La vejez no se adquiere por el tiempo, sino por las cosas que se hacen con el tiempo. Nos envejecen cosas de las que no se sospecharía ese daño. (…)
Hay que cuidar muchos detalles de la impaciencia y la desidia para no envejecer, y, por ejemplo, es muy perjudicial mirar los relojes queriendo que llegue la hora de comer. (…)
Chismear perpetuamente va arrugando la cara, y el comentar las patas de gallo de los demás es fatal. (…)
El no mudar el agua a las flores, el creer en las siemprevivas, el estar sospechando que no queda tinta en la estilográfica, el suponer que un huevo está malo porque se ha desbaratado la yema al echarlo bruscamente en la sartén, el acordarse de sábanas de hilo que desaparecieron para siempre, el desear vajilla con borde dorado, el arrepentirse en la madurez de no haber aprendido idiomas, etc., son incidencias –comprendido el de decir etcétera, etcétera-, que aumentan las canas y las arrugas.(Nuevas páginas de mi vida, 1957)

La pintura de Giuseppe Arcimboldo (1527-1593) está presente en el estampario, pero hasta el momento nunca con sus grandes obras, nunca las más populares y conocidas. Ya se intuía con claridad un cuadro de este pintor en el panel del Inventario nº 7, y ya entonces llegamos a la conclusión de que aquella debía ser obra de un seguidor, y si se trataba efectivamente de un Arcimboldo, probablemente era una obra menor o muy desconocida. Con esta alegoría del otoño, que formaría parte de una serie de cuatro lienzos sobre las estaciones del año, ocurre lo mismo. Es más, no se corresponde al cien por cien con la imagen del panel, pero su similitud es notable, lo que deja pistas abiertas acerca de la profusión del tema: la fama de Arcimboldo se extendió más allá de su control, y sin duda surgieron artistas avispados que imitaron su estilo. Así pues ¿Se trata realmente de un Arcimboldo? ¿Es una copia de alguna otra obra (como la del panel)?

Ignoro el interés de Ramón por esta –al menos para mí- oscura figura de la política y la literatura inglesa. Thomas Babington Macaulay (1800-1859) fue miembro del Parlamento Inglés por Edinburgo, promovió numerosas reformas (algunas muy importantes y referentes a los derechos de autor), tuvo a su cargo responsabilidades en la colonia hindú, y escribió varias obras literarias, entre ellas un ambicioso estudio de la historia de su país que dejó inconcluso a su muerte. Ramón no fue un hombre con aspiraciones políticas, pero la política formó parte de algún modo en su vida, ya que su padre, Javier Gómez de la Serna, fue hasta 1898 un alto funcionario del Ministerio de Ultramar, y posteriormente diputado en las Cortes por Hinojosa del Duque (Córdoba). Prometeo, la revista desde la que Ramón inició su carrera literaria y periodística, fue fundada por su padre, y es posible que el escritor viera en Macaulay a un homólogo a la inglesa de su figura paterna, ejemplo de esa política de engranajes lentos y horizontes humanistas tan propia del siglo XIX. O quizás Ramón leyó, o vió en el despacho de su padre durante su infancia -o durante su breve y fracasada incursión en la carrera de Derecho- alguna de las obras o textos de Macaulay que me consta se tradujeron al castellano, como Discursos Parlamentarios de Lord Macaulay (Luis Navarro, 1885), Estudios de Política y Literatura (Luis Navarro, 1887), o los Estudios biográficos (Imp. Central a cargo de Victor Saiz, 1880) en los que Ramón quizás aprendió el modelo para sus innumerables biografías de figuras literarias.
El autor de la fotografía, Henry Maull, regentó junto a George Henry Polyblank un estudio especializado en el retrato de personalidades. Muchos de estos retratos (entre los que se incluiría el de Macaulay) fueron editados en compilaciones como Portraits of Members of Parliament by Maull and Polyblank (tres volúmenes publicados entre 1856 y 1864)
















































la maga dijo
Pensé que te gustaría saber que me paseo a menudo por tu espacio...
y que me encanta ;P
:::gracias:::
17 Mayo 2008 | 06:06 PM