La Coctelera

(maquinariadelanube)

26 Abril 2008

El Aleph de Ramón: Inventario nº 8


Imagino que ya no son necesarias presentaciones y formalidades. Aquí Ramón, aquí unos amigos. Un nuevo fragmento de lo desconocido espera nuestros ojos. Al ataque!

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La clef des songes, René Magritte, 1930

No hay más que echar un vistazo a La llave de los sueños para intuir conexiones entre la pintura de Magritte y la obra de Ramón. La obra de Magritte es siempre un interrogante, una puesta en duda de las categorías de lo visible, de la representación artística, de los conflictos que pueden crearse en la delgada y frágil frontera entre lenguaje verbal e icónico. No hay respuestas en la pintura de Magritte, se trata únicamente de incómodas afirmaciones visuales que rompen nuestros esquemas lógicos habituales. En la obra de Ramón encontramos que la realidad entera es meticulosamente desarmada e inmediatamente replanteada de múltipes modos según imperativos únicamente poéticos. Quizás el ejemplo más claro de esto lo encontremos en El Rastro: Ramón posa su mirada sobre las cosas para auscultar y sacar a la luz ese otro eco –inverosímil, poético- que palpita en el interior de cada objeto. Este proceder, que constituye un pilar fundamental del Surrealismo y de la modernidad (en la obra de Magritte, o en la de Duchamp, por poner solo dos ejemplos), fue uno de los muchos adelantamientos geniales del escritor madrileño.

…el Rastro es sobre todo, más que un lugar de cosas, un lugar de imágenes y de asociaciones de ideas, imágenes, asociaciones sensibles, sufridas, tiernas, interiores, que para no traicionarse, tan pronto como se forman y a continuación, se deforman en blancas, transparentes, aéreas y volanderas ironías… ¿Cómo y hasta qué punto darían explicaciones por haberse formado?... Se suceden unas a otras sin detenerse por tremendas o balbucientes e ingenuas y se las acepta y se las sonríe o se las lamenta y se las suelta.

(El Rastro, 1915)

Todo queda resumido en una sola greguería:

El sueño es un depósito de objetos extraviados

Lot y sus hijas, Lucas Van Leyden, ca. 1509

Los surrealistas buscaron inspiración a su alrededor, y a menudo hallaron esa otredad estética que buscaban en artistas marginales o del pasado. El Surrealismo no se proponía únicamente como proceso revolucionario, sino como revelación de procesos mentales y estéticos soterrados a lo largo de la historia. A menudo los compendios, manuales o diccionarios del Surrealismo incorporaron suculentos repasos a la historia del arte, y ofrecían la posibilidad de escrutar grandes obras de arte con una nueva mirada. En Lot y sus hijas, Van Leyden ilustra un conocido episodio bíblico: Lot huye de la destrucción de Sodoma dejando por el camino a una esposa curiosa y convertida en estatua; se refugia en una cueva con sus dos hijas, pero éstas lo emborrachan y lo seducen para tener descendencia. El juego de luces, la compleja perspectiva, el sentido narrativo y la enorme riqueza de detalles (el navío hundido, la torre desmochada como una baraja de naipes, la pasarela de madera sobre el mar) convierten el lienzo de Van Leyden en un espacio perfecto para pasear la mirada, pero si algo excitó la imaginación de los surrealistas y de Ramón fue probablemente la sugerente mezcla de erotismo, destrucción, y sacrilegio: mientras un Dios vengativo pone fuegos artificiales de muerte en el cielo, unos inusuales amantes se entregan al sexo, ajenos a la destrucción.

Escultura biomórfica, Jean Arp, ca. 1940

Ramón era un hombre atento a todas las artes, y la escultura no escasea entre las imágenes que envuelven el torreón, ya se trate de mórbidas ninfas barrocas (como las de Canova) o de construcciones vanguardistas (Picasso, Giacometti). Ya apareció una escultura de Arp en la addenda del Inventario: nº 5, propia de un primer periodo en el que el escultor franco-alemán experimentaba únicamente con relieves de madera pintada. Algo más tarde Arp se adentra en la creación de piezas de bulto redondo (nunca mejor dicho), fluidas y pulidas como si se tratase de un líquido. Arp admiraba el vuelo de los pájaros, las formas volubles de las nubes, las piedras erosionadas en formas sugerentes, y todo lo que de inestable y hermoso tiene el mundo natural. Esta pieza me recuerda algo así como una ingrávida gota de leche, y su morbidez no se aleja demasiado de aquellas otras morbideces en los senos y las nalgas de la estatuaría clásica.

Luisa Sofovich (?)

No puedo asegurarlo al cien por cien, pero creo que la mujer de esta fotografía es Luisa Sofovich, la esposa de Ramón. Luisita, como se la conoce en los círculos ramonianos, fue escritora y traductora de talento, pero su valía fue quedando relegada a medida que las penurias económicas y finalmente el deterioro personal de Ramón se fue imponiendo. A la muerte del escritor en 1963, Luisa declaraba su agotamiento por el trance, y poco después activaría los trámites para que el legado de Ramón, y principalmente su singular despacho (inventariado y pormenorizado), se mantuviera íntegro y retornara a Madrid. Su figura proyecta una alargada -y no siempre bien ponderada- sombra en la vida de Ramón. Recordando su viaje al cono sur en 1931, Ramón escribe:

Mi vida en Buenos Aires se inquietó desde el primer momento porque había conocido a la que había de ser mi mujer, a Luisa Sofovich, porteña nacida en el año 12, de padres rusos, y con un niño de meses de su primer matrimonio. La gracia clara de Buenos Aires relucía en su sencillez, y noté en sus ojos la certeza de la comprensión y la puntería del matiz, el auxilio de la palabra. En la raza nueva Luisa era la muchacha –exótica americanizada y españolizada- llena de fe en la literatura y el amor. Ella era el grito de la respuesta después de haberme pasado muchos años viajando hasta exhaustar el otro hemisferio, y lo maravilloso es que la esfinge americana cerraba el arcano con sus palabras, me conmovía con sus aprensiones, y me decía “ya llegastes” con una afirmación que desvanecía la duda de vivir. (…) Mujer de claridad –aún con los misterios de sus dos natividades-, tenía un gran estilo su alma, despectiva y sensible como si tuviese puestos los ojos en un horizonte final de Arte puro. Para mí fue el deslumbramiento de lo que buscaba del otro lado de lo supuesto como el último eco del logro supremo de la esperanza.

(Automoribundia, 1948) (Capt. LXXIV)



Addenda

Día de lentitud, Yves Tanguy, 1937

Le loup devenu berger, ilustración de Gustave Doré para las Fábulas de La Fontaine

Ariadna abandonada. Iluminación para las Heroidas de Ovidio traducidas por Octavien de Saint-Gelais (1466-1509). Francia, finales del siglo XV


Inventario nº 8
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servido por rrose 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

ema

ema dijo

Más allá de este relevamiento que hacés respecto de Don Ramón (vos como máquina de mirar y él también, por supuesto), quería decirte que el piano volador de la columna de la derecha dialoga perfectamente con El origen del mundo de Courbet. Y, de uno u otro modo, la foto de Pierson de la Castiglione también. El ojo, el óvalo a través del cual mira. Miradas, formas, aberturas, interpelaciones... Lo que vemos lo que nos mira, como diría Didí-Hubermann. Gracias, RR.
ema

30 Abril 2008 | 09:08 PM

Selenita

Selenita dijo

Conexiones:
En el prólogo de la primera traducción al castellano de "El poeta asesinado" de Apollinaire, Ramón Gómez de la Serna escribe: "Todas eran confraternizaciones con Apollinaire a mi alrededor. "Este despacho, ¡cómo se parece al de Apollinaire!", exclamó suspirando madame Laurencin, que durante una época fue muy amiga del escritor"

Más conexiones:
¡Cuánto me ha recordado el cuadro de Magritte "La clef des songes" a los objetos fotografiados por Chema Madoz!
Por cierto, expone en la Galería Moriarty (Madrid) hasta el 7 de Junio.

Gracias por tus imágenes y tus textos, siempre estimulantes.

1 Mayo 2008 | 04:45 PM

Rr

Rr dijo

Hola

Ema: curiosas analogías las que has detectado. También yo, a veces, de tanto mirar la botonera de la derecha termino encontrando resonancias. Entre la luna amarilla de Federico y la nariz roja de Góngora, entre el ojo puzzleado de Ramón y los ojos redondos e incandescentes de Vinicio... Lo que vemos y lo que nos mira es ciertamente, una de las ideas en torno a las que gira esta maquinaria. Gracias por tus comentarios.

Selenita: en efecto, Ramón era consciente del la similitud de su despacho con el de otros escritores e intelectuales de su tiempo, entre ellos Apollinaire. Algo de esto se comenta en la entrega 0 del inventario: El Aleph de Ramón. Por otro lado, ya sabrá usted que la fotografía de Madoz tiene mucho predicamento en la maquinaria. Gracias por la información ;) y gracias por su comentario. ¿Qué tal por la Luna? ¿Hay más tranquilidad allá arriba? ¿Ha visto usted ya a Cyrano?

Saludos y hasta pronto

1 Mayo 2008 | 09:55 PM

rrose

rrose dijo

Los manuscritos medievales no son mi fuerte. Después de muchos meses olfateando, resulta que la mujer desnuda de la esquina inferior izquierda de este fragmento de estampario no era otra que la desdichada Ariadna en una de las iluminaciones que ilustran las Heroidas de Ovidio traducidas a finales del siglo XV en Francia por un tal Octavien de Saint-Gelais.

:)

20 Septiembre 2009 | 05:10 PM

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