El Aleph de Ramón: inventario nº 7

En este nuevo panel las imágenes están menos apiñadas y son más fáciles de distinguir. ¡Que aproveche!

Altdorfer es, junto con Durero, uno de los artistas centroeuropeos más importantes del Renacimiento, y la Batalla de Alejandro es su obra más ambiciosa, aunque la batalla propiamente dicha abarque poco más de un tercio de la imagen. Altdorfer, muy lejos ya de la ingenuidad de Paolo Ucello, convierte el episodio bélico casi en mera anecdóta, y da un pistoletazo de salida al género paisajístico en la pintura europea, con un estilo que prefigura algunas vías para el paisaje romántico. La visión de Altdorfer –casi a la manera de las visiones alucinatorias de Rimbaud- es soberbia, y con aspiraciones totales: el Sol y la Luna, presentes en un mismo cielo, son quizás un guiño copernicano. El arremolinamiento de nubes en el aire y de tropas en la tierra, dan forma a un maremagnum de pequeños detalles entre los que no es fácil identificar al héroe griego. Mirando esta obra en el panel me siento como si tuviera delante de otra mise en abyme: perdida en el torbellino barroco de Ramón, en su Aleph diverso, esta otra perspectiva de Altorfer, donde coexisten el universo –estelar- y la ínfima tragedia de una batalla de libro. Es también inacabable el desfile de las tropas de la imaginación en las paredes del escritor.

Ramón tiene presente en sus paredes el legado de la cultura clásica. Pero la reconstrucción que Altdorfer hace de la Batalla de Isos se debe a su imaginación prodigiosa, y conviene pues oponerle esta otra fotografía del conjunto arqueológico de Giza, en El Cairo. No es la primera imagen del inventario que hace alusión a la cultura egipcia: ya apareció una escultura de la Diosa Sekhmet (inventario nº 1), el famoso busto de Nefertiti ( Inventario nº 6), y bastantes más obras que aún están por identificar o en busca y captura. Esta fotografía, de la que desconozco el autor, no se corresponde al cien por cien -mucho ojo- con la que aparece en el panel, y la traigo aquí únicamente por su similitud, ya que por el momento no localizo la imagen exacta. Hay diferencias notables respecto a la fotografía del panel, que debe ser posterior a esta de 1893, ya que el estado en que se encuentran las prospecciones arqueológicas es distinto entre sí: prácticamente inexistente en 1893, y muy avanzado ya en la otra imagen, en la que las pirámides parecen de mayor altura, lo que se debe a la retirada de la arena que las cubrían parcialmente.

Lina Cavalieri (1874-1944) fue una célebre soprano con gran impacto mediático a comienzos del siglo XX. Educada en un orfanato, casada con un aristócrata ruso, partenaire de Enrico Caruso, actriz de cine, empresaria de la cosmética parisina… todas las aventuras parecen darse en esta mujer que fue llamada “la más bella del mundo”, y al parecer uno de los personajes más fotografiados de su época, lo que explica que extendiera su divina facie hasta el mismísimo torreón de Ramón. A pesar de la profusión de retratos y postales de la soprano, me ha sido imposible encontrar la imagen exacta del panel, por lo que he preferido ofrecerles igualmente la maltratada fotografía de la pared a un tamaño aceptable. Aquí la tienen en otro ejemplo, solo similar

Leyendo en Historic Opera acerca las muchas postales editadas por la Cavalieri, me entero de que también comercializó un cierto tipo de postal que en el mundo anglosajón se denomina real-hair postcard, osea, una fotografía con –supuestamente- pelo real de la modelo pegado a la imagen. Aunque ustedes no podrán apreciarlo sino en la publicación original, observarán una postal de este tipo en el panel correspondiente al inventario nº 3. A Ramón le complacía mostrar las maravillas de sus paredes, y según se dice solía señalar la postal peluda diciendo: “mire, a esta le ha crecido el pelo”. Quizás la delicada señorita que hay bajo el mechón de pelo sea también Lina Cavalieri…
Las fotografías de actrices de ópera, de artistas de circo, ruedan frecuentemente sobre estas mesas, sobre estos cajones, sobre los asientos de estas sillas. Son estas artistas mujeres fastuosas, criollas, con grandes caderas y fuertes piernas, de largas cabelleras deshechas, vestidas unas veces de napolitanas, otras de reinas, otras de escocesas, otras sencillamente de maillot. (…) Aquí son mujeres fáciles que se irán con el que se lleve su retrato abandonado.
(El Rastro, 1915)
( Escuchar la voz de la Cavalieri)

En Viaje hacia el interior: el despacho de Ramón Goméz de la Serna, el excelente estudio de Ana Ávila y John McCulloch publicado en Los ismos de Ramón y un apéndice circense, se dice: “Tenemos la certeza de que [Ramón] descuartizó una publicación francesa, L´Illustration, correspondiente a un monográfico dedicado al deterioro en el patrimonio artístico sacro provocado con motivo de la guerra civil: Le martyre de les oeuvres d´art. Guerre Civile en Espagne (enero de 1938)”. Al escritor le apasionaba la facilidad para reunir en sus paredes imágenes de gran belleza y perfección -como el retrato la Cavalieri- que luego contrastaba oponiéndoles otras como la fotografía de estas figuras cercenadas por la mano de la guerra. La fotografía pertenece probablemente al citado reportaje, y la imagen que ven proviene de El Martirio de lo Sagrado, una interesante exposición virtual sobre el maltrato al patrimonio eclesiástico durante la Guerra Civil.
No negaré que al pegar mis recortes procuré, a veces, corregir la belleza de una cosa o su presuntuosidad, colocando a su lado una cosa grotesca o fea, pero, en general, la suerte ha ido creando los contrastes.
Las ilustraciones agrandan la vida y traen recuerdos que de otra manera hubieran estado muertos o encerrados entre las páginas de los libros.(Automoribundia, 1948) (Capt. LXVIII)

En Ismos, Ramón dedica unas breves palabras al menudo y acomplejado pintor parisino:
La noche de París la recogió como un cazador de mariposas desde la obscuridad de su alma. Fue la cabeza de metal con rostro de hombre en que guardan las rodillas los mozos de restaurantes, una cabeza de esas como aquella que vió Villiers la noche en que cenó con el verdugo de París. Lautrec, casi sin cuerpo, fue una de esas cabezas en el reservado de los grandes restaurantes de antaño y vio con desinterés humano toda la grotesca verdad de la galantería”
(Ismos, 1931)

El reportaje de moda es uno de los géneros más recurrentes en las paredes de Ramón, y lamentablemente sus ejemplos son los más dificiles de identificar, al menos para mí. Esta fotografía es una excepción, y ocurre así porque no es una fotografía de moda cualquiera: su autor la hizo famosa. Man Ray alternó sus creaciones personales con numerosos trabajos para revistas norteamericanas o francesas como Vogue. En este caso se trata de una modelo vestida con una fastuosa prenda del diseñador Lucien Lelong y sentada en la famosa carretilla que Oscar Domínguez tapizó con terciopelo. A pesar de sus premisas revolucionarias, el Surrealismo tuvo su élite y su aristocracia. Nada hubiera sido igual sin el apoyo de adinerados mecenas europeos o estadounidenses, público al que quizá iban dirigidos reportajes como este.














































conde-duque dijo
Rrose, cada vez que vengo por aquí salgo distinto... Siempre me dejas maravillado. Tus hallazgos son geniales.
Muchas gracias (otra vez) por ofrecérnoslos.
Un abrazo.
15 Abril 2008 | 05:17 PM