A vueltas con la Enciclopedia

Todo collage opera sobre un principio inamovible: la extrañeza que provoca la unión de varios elementos dispares. Sobre este objetivo primordial se articulan una infinidad de posibilidades y variaciones que atañen a la procedencia de esos elementos, al modo de reunirlos, a la técnica con la que quedan unidos… El collage es un mundo, y es un arte precisamente porque se permite todas las heterodoxias en el contenido y en la forma.

Mariano A. Fernández pertenece a esa numerosa generación de collagistas que operan sin tijeras ni pegamento, y que dan forma a sus imágenes sirviéndose únicamente de herramientas digitales. Sus collages, sin embargo, gozan de ciertas particularidades. En primer lugar su radio de acción, que se circunscribe a las láminas de la Enciclopedia de Diderot y D´Alembert. Todos los fragmentos ensamblados provienen de ese único –y asombroso- repositorio de imágenes, y son aislados de su fuente original para asociarse con otros fragmentos mediante uniones inesperadas y paradójicas. Esta imposición de unos límites precisos dio sus primeros frutos con Max Ernst y novelas-collage como Una Semana de Bondad, donde la mayor parte de las imágenes procedía de ilustraciones de folletines victorianos que fueron alteradas con pequeñas adiciones. Este método procuraba al conjunto una homogeneidad que constituía una clara diferenciación con aquellos otros collages disparatados, explosivos o declaradamente políticos del dadaísmo alemán (como los de Raoul Hausmann). Ernst daba soporte así a un surrealismo cuya disonancia se articulaba a niveles acaso menos evidentes, pero más inquietantes.

Circunscribirse a la Enciclopedia es, además, una decisión cargada de sentido. La Enciclopedia es uno de los proyectos más importantes de la historia del hombre. Representa el deseo encomiable y utópico de recoger, ordenada y taxonómicamente, todo el saber del hombre en un solo corpus textual y gráfico. Los hombres del medievo ya lo intentaron bajo la advocación divina, y el proyecto ilustrado no fue, a fin de cuentas, menos pueril, pero tanto más asombroso, e indicativo de unas coordenadas históricas a las que aún debemos mucho. Mariano ha decidido clavar sus tijeras –digitales- sobre las láminas de la enciclopedia, y la operación, como digo, no es casual. La deconstrucción llevada a cabo incide en uno de los baluartes principales del ideario occidental, y de este modo, la heterodoxia de estos collages se afirma como tal en un grado doble.


Es apasionante comprobar de qué manera han sido subvertidas las imágenes de la Enciclopedia para crear aparatos inverosímiles, animales estrambóticos, objetos absurdos, androides preindustriales… estos collages son, verdaderamente, los monstruos que produce el sueño de la razón. Me gusta pensar, si Mariano me lo permite, que estos collages nacieron solos, que un conjuro maldoroniano malbarató las páginas de la Enciclopedia, que en su interior, como en una caja, se remezcló y se refociló todo nuevamente, que las palabras quisieron disfrazarse y jugar con nuevas identidades, que las figuras de los grabados habían pasado siglos deseándose y odiándose en secreto para aparecer ahora en inesperada cópula amatoria o en violento duelo de esgrima.

Pero nada es casual. Roland Barthes ya advirtió en un breve ensayo dedicado a las láminas de la Enciclopedia –y recogido en Nuevos Ensayos Críticos (1972)- que el exacerbado deseo de objetividad que subyace en los grabados originales no puede evitar la supuración de cualidades expresamente poéticas, debido a su artificialidad ideal. Mariano recoge la pista de Barthes y dice estos collages son como la nuca del siglo XVIII.

A veces el resultado de algunos collages es, incluso, paradójicamente lógico, como esta mariposa-bisagra, monstruosa, triste, y perfecta.


































Passy dijo
Un buen libro acerca de l'encyclopedie
http://leache.blogspot.com/2007/09/malentendido.html
26 Noviembre 2007 | 12:30 AM