Abre bien los ojos, mira

Hace varios meses que terminé de leer La Vida: Instrucciones de Uso, una novela apasionante que resulta dificil de explicar y recomendar a los amigos. En un primer momento, antes incluso de hincarle el diente al libro, tuve la necesidad de conocer cosas -casi cualquier cosa- acerca del autor, pero no son muchos los datos que sobre Georges Perec se pueden obtener en la red: nacido en 1936, huérfano de judíos exterminados en la II Guerra Mundial, inicios como escritor a principios de los sesenta, pertenencia al grupo experimental OULIPO (junto a Italo Calvino y Raymond Queneau), creador de crucigramas y lipogramas, empleado como documentalista en una biblioteca, publicación de su novela más importante en 1978, es decir, poco antes de morir, con apenas 46 años...

Lo que ocurre es que cuando se rastrean estos datos es inevitable toparse con fotografías como la que abre este post, la cual creo que, cuando menos, despierta la curiosidad. No tuve más remedio que ponerme a la labor de reunir más y más retratos de Perec, todos los posibles. Este hombre tan simpático merecía, de entrada, mi respeto. En la expresión de su cara había algo especial. Más tarde he comprendido que la mente de Perec debió ser algo así como un grueso cuaderno de notas en el que lo anotaba todo, absolutamente todo, con la esperanza de reducir los elementos más dispares a un orden de proporciones y correspondencias, igual que ocurre en un crucigrama.

Algún que otro pensador afirmó que tras el horror de la II Guerra Mundial y el holocausto judío, el arte nunca podría volver a ser el mismo, y que se convertiría, necesariamente, en un grito desesperado. Resulta curioso comprobar cómo la personalidad creativa de Georges Perec, que tiene su desarrollo en el contexto del existencialismo y otras desesperaciones (recordemos, Perec fue hijo de judíos perseguidos) no obedece exactamente a esas expectativas. Antes bien la obra de Perec da idea de
un espíritu crítico y renovador, pero sobre todo da idea de una fuerza vital poco común, no exenta de humor y poesía. Leer La Vie... nos reconcilia con este mundo tan raro, porque su punto de partida es una noción del sinsentido y del azar que se transforma por medio de una pericia narrativa excepcional y de una imaginación sin igual en un todo organizado, arbitrario, encantador, desesperante, mágico. Una mentira compleja y fascinante. Una de las mentiras mejor escritas de la literatura. El retoño más divertido del existencialismo.

Si se atreven a meterle mano a la novela no olviden, entre las muchas posibles, solo dos recomendaciones básicas que yo les hago a título personal. La primera es que si no le gustan las novelas dotadas de prolijas descripciones, no lo intente con esta: La Vie... es una enorme descripción, fría, objetiva y prolijísima que
se alarga más allá de las 500 páginas, alcanzando en algunos casos el grado de pura y dura enumeración. Ciertamente, la idea es brutal, pero también apasionante: La Vie es la descripción de un edificio, con todas y cada una de las cosas que contiene, pero de la descripción de las viviendas, su mobiliario y sus objetos, Perec pasa a describirnos la vida de sus moradores, los que son y los que fueron, y en este punto el relato se bifurca hasta límites insospechados: una miríada de vidas entrecruzadas que abarcan buena parte del siglo XIX y XX así como una buena porción de la geografía terrestre.

Segunda recomendación: Alain Korkos, ilustrador, conferenciante e ilustre autor del blog La Boîte à Images, ha elaborado una Tentative de Recensement de une Iconographie Perecquienne, es decir, se ha embarcado en un preciso análisis de cada uno de los capítulos de la novela con el objetivo de reunir algo así como un catálogo on-line de los innumerables objetos y obras artísticas que aparecen en la novela. La empresa es por definición imposible, pero el trabajo realizado hasta el momento por Korkos es verdaderamente impresionante. No dejen de acudir a esta herramienta para visualizar y comprender el mundo objetual y las referencias visuales de Perec.

La sonrisa de Perec en estas fotografías es la alegría de alguien que sabe que la vida lo que no tiene es remedio, la incontrovertible ironía de un escritor cuyo mayor entretenimiento fue dedicarse laboriosamente a abrirnos miles de posibilidades inexploradas, como si hasta el momento de acometer la novela nuestra percepción de la realidad hubiera sido extremadamente pobre y
solipsista. No olvidemos que al inicio de La Vie... Perec colocó un breve renglón entresacado de Miguel Strogoff, la famosa novela de aventuras de Julio Verne. La cita tan solo dice: abre bien los ojos, mira. Así pues es preciso -es absolutamente preciso- abrir bien los ojos, ya que eso es lo que parece hacer Perec desde estas fotografías, observarlo todo, escrutarnos incluso a nosotros mismos -¿quién mira a quién?- congelado en un asombro y en una curiosidad sin límites, calculando el modo en que hasta el detalle más nimio de nuestra vida podría formar parte de su sistema organizado. En efecto, el modo de mirar, de pensar y de crear de Perec es tan arbitrario como otro cualquiera, pero el suyo al menos es divertido, y reclama nuestra inteligencia, lo cual ya es cada vez menos habitual.

Algunos enlaces (más):
- Georges Perec o la literatura como arte combinatoria, de Adolfo Vásquez Rocca
- Tentativas de construir un autor infinito, por Matías Serra Bradford.







































Judith dijo
Espero con impaciencia cada nuevo post de la maquinaria... y nunca me decepcionas. Gracias una vez mas rrose: original, documentadísimo y abriéndonos mundos nuevos, así da gusto abrir los ojos.
25 Septiembre 2007 | 03:49 PM