The Piano Tuner of Earthquakes

The Piano Tuner of Earthquakes (2005) es el segundo largometraje de los Hermanos Quay, y es, como el resto de su producción, un hermoso interrogante cinematográfico. Poco puedo añadir respecto a lo que ya dije sobre Institute Benjamenta. Esta vez se trata de una historia de alienistas, de islas misteriosas, de música, de sexo, de autómatas, de científicos locos, y es también una película acerca del sueño, el amor, y la muerte.
Abortada por problemas legales la tentativa de adaptar al cine la novela de Adolfo Bioy Casares La Invención de Morel, pero con el apoyo en la producción del mismísmo Terry Gilliam, The Piano Tuner es una amalgama entre la citada novela, el Locus Solus de Raymond Roussel, El Castillo de los Cárpatos de Julio Verne, y la particular visión de los Quay. Una cinta de ciencia-ficción diferente. Muy diferente.


The Piano Tuner quizás sea el cuento de hadas que en Instituto Benjamenta solo quedaba amputado y solarizado. El personaje de Malvina (Amira Casar) no guarda en sí la oscuridad esquizoide de Lisa Benjamenta, sino que es un ser casi celestial, de una blancura casi transparente, víctima de las maquinaciones del Dr. Droz y de los buenos sentimientos de Felisberto Fernández (Cesar Sarachu). También la estética de este segundo largometraje es muchísimo más amable que la de Instituto Benjamenta: los –falsos- exteriores abundan, la luz a veces es cegadora, y el mar tiene una presencia mágica y fatal, ya que son las mareas las que activan el alma hidraúlica de los autómatas.

El espacio en el que la película se desarrolla rinde cuentas a la experiencia acumulada de los Quay en la producción operística. La isla de la película guarda la magia de un escenario teatral, ya que se mezclaron escenarios reales levantados en estudio con pequeñas maquetas filmadas y trucadas. La excepcionalidad de estos espacios, y su compleja iluminación y tratamiento fotográfico, da una atmósfera irreal a toda la película, como si la mansión del diabólico Dr. Droz no fuera sino uno más de los dioramas y autómatas que vertebran la historia.
Al igual que ocurre con las pelis de Greenaway, los Quay delatan con relativa facilidad sus influencias. La Isla de los Muertos, lienzo pintado por Arnold Bocklin hacia 1880, ha sido una clara fuente de inspiración,

así como L´empire des lumieres, de René Magritte.

Alguien dirá que los filmes de los hermanos Quay son un error o un fracaso creativo en tanto los Quay no son capaces de adaptar la poética de sus cortometrajes al mínimo narrativo y de guión que un largometraje requiere. Pero opino que una gran parte del mérito de Instituto Benjamenta y The Piano Tuner of the Earthquakes está precisamente en su indocilidad. Ambas constituyen, no solo la demostración de que es posible hacer un cine casi enteramente plástico y poético, sino de que han sabido salvaguardar lo que de extraño, inquietante y desgarrado había en sus cortometrajes, llevándolo a un terreno distinto.





Antonio Alviárez dijo
Extrañamente exquisita. Saludos
25 Octubre 2006 | 09:31 PM