Sin palabras

Cuando preguntamos a alguien acerca del cine mudo es casi seguro que casi nunca citará a Griffith, a Eisenstein o a Meliés, sino con toda probabilidad a Chaplin, y con un poco de suerte a Buster Keaton.
En un momento en que el lenguaje cinematográfico apenas comenzaba a balbucear, y las cintas se rodaban a veces en menos de una semana, la industria cinematográfica ofrecía al público espectáculos similares a los que ya estaban habituados en los circuitos teatrales. Esto incluía en gran medida a los cómicos: Chaplin provenía del teatro y era ya una celebridad antes de llegar al cine, Keaton venía del circo, la pantomima y los saltimbanquis.
Entre los libros que compré en Sevilla a finales de julio está Sin Palabras: cine cómico mudo, obra en la que Javier Luengos desglosa la biografía y la producción de grandes del género como Chaplin, Keaton, Oliver & Hardy, y Harol Lloyd, pero también la de otros muchos actores cuya labor, creatividad y esfuerzo apenas si nos son hoy conocidos, como
Max Linder

Larry Semon (conocido en Italia como Ridolini)
Harry Langdon

Roscoe Arbuckle “Fatty”

o Mabel Normand

El libro, editado en 1996 como complemento a lo que debió ser un jugoso ciclo de cine mudo en el Teatro Campoamor de Oviedo, analiza el género, sus raíces en el teatro de variedades, su evolución, el trasfondo económico, y el papel fundamental que jugaron en él productores y directores.
Las detalladas descripciones de argumentos y gags resulta a veces demasiado prolija, pero es también por ello un documento muy exhaustivo, elaborado con sentido crítico, y dotado de muy buen material fotográfico. La publicación se cierra con un índice de actores, actrices y directores, lo cuales, cada uno en su medida, aportaron algo al cine cómico mudo.
La aportación de todos estos pioneros del slapstick se mueve en un terreno creativo movedizo e inestable que oscila entre el más acendrado apego a las fórmulas de éxito, y el inconformismo de algunos avispados que se la jugaron (como Chaplin y Keaton, principalmente), regalándonos verdaderas obras maestras que enriquecieron y transguedieron los esquemas del género para entrar de la manita en la historia del cine junto a unos circunspectos Eisenstein o Griffith, no con tan gran fortuna crítica como estos últimos, pero sí adheridos de un modo más duradero al inconsciente colectivo.

(ejem, es una lástima que el libro no contenga nada de información sobre Charley Bowers. Seguiremos buscando...)






































Antonio Alviárez dijo
El cine mudo, mucho más allá de ser una especie de arte y ser tratado de esta manera. Se trata de un trabajo fuerte y sincero, lleno de sentir humano, capáz de ayudar al genero humano a sobrevivir en duros momentos de la humanidad.
Saludos.
1 Octubre 2006 | 01:31 PM