Vinicio Capossela: Canciones a Manivela

Un cruce imposible entre Tom Waits y Renato Carosone. Eso es Vinicio Capossela. Imposible dar unas señas más precisas que este despropósito que acabo de pronunciar: un cruce genuinamente bastardo entre el genio deconstructivo de Los Ángeles y el legendario compositor de la canción ligera napolitana. Gasolina y almíbar.
Dice la leyenda que Vinicio Capossela (Hannover, 1965) ha vivido más de una temporada en su propio automóvil, que allá por los años 80 formó una maltrecha banda llamada The Hurricanes, y que ha recorrido la mitad de los antros de Europa. Su discografía reúne al crooner mafioso, al cantante de mambo y bolero, al gitano balcánico, al rockero de Las Vegas, al bohemio vanguardista, al cantante de tangos malevos, al pianista de crucero… una especie de marxista sinfónico, y sí, algo bastante similar a un pastelero trotskista, por citar al amigo Moretti.

El otoño pasado, después de tantear durante un tiempo a este cantautor cosaco, encargué en mi tienda de discos uno de los álbumes más complejos, sugerentes, y adictivos que he oído en mi vida: las Canzoni a Manovella (2000).

A lo largo de 17 tracks Capossela desgrana una música solo idónea para ambientar su propio
salón de baile dieciochesco, su pista de circo, su crucero, su vagón de tren que arde por los cuatro costados, su submarino napolitano y sueco, su nave industrial, su mercedes descapotable y petrodólar, su cabina de zepelín, su séquito de marajá, su monóculo y su monociclo…
Ayudado por una producción sobresaliente y amigos como Pascal Comelade o Marc Ribot (uno de los guitarristas habituales de Tom Waits), Vinicio ameniza el Viaje con un conjunto completamente heterogéneo de instrumentos: pianos de todas clases (incluyendo uno de juguete), guitarras, contrabajo, acordeones, orquesta de vientos (la del gran Roy Paci) y cuerdas, glockenspiel, conga, botellas, megáfonos, y hasta un cañón.
Una vez recibido el disco (que no me salió nada barato, pero que valió bien la pena) pude ojear en profundidad las letras. Me encontré con un cuadernillo interior muy cuidado, y letras como esta:

…un claro homenaje a los Caligramas (1914) de Guillaume Apollinaire, el poeta del cubismo,
del amor, y miren por donde, también de los cañonazos.
Pero no terminan aquí las referencias. Ya la misma portada del disco (la imagen que abre este post) es quizás un guiño al personaje que encarna Buster Keaton en The Navigator (1924). Bardamú, la canción que abre el cedé, es un homenaje a Ferdinand Bardamú, el protagonista de las novelas de Céline, y Decervellamento es una genial adaptación de la Canción del Descerebramiento que compusiera el histriónico –y de gatillo nervioso- Alfred Jarry. En los créditos Vinicio aclara a quien van dedicadas y dirigidas sus canciones de máquina de vapor y mascarada:
Ai pioneri aerostatici, ai temerari, ai marinai in bottiglia, a Céline, al revolver di Jarry e in generale a tutti quelli che hanno avuto il coraggio di buttarsi “Se non ti dà in corpo ti dà in pancia”.

No dejen de echar un vistazo al videoclip (que ya les ofrecí en otro post anterior). Les será de gran ayuda en su vida diaria.






































cretina dijo
El disco pinta genial!! a ver si me hago con él!
Por cierto, algo de telepatas tenemos... hoy iba a escribir sobre la canción del descerebramiento de Úbu Rey... que cosas... lo que pasa es que al final el borrador no pasará convertirse en post público, no me ha convencido... mmm
=)
7 Junio 2006 | 12:24 AM