Barrido Ocular

El ojo humano, aislado y -por ello- potenciado en el encuadre, ha sido uno de los motivos más potentes e inquietantes de la historia del cine. Hagamos un barrido selectivo del fondo de la retina. Solo unos apuntes.
Para publicitar el conocido como Cine Ojo (Kino-Glaz) de Dziga Vertov, Alexander Rodchenko diseñó este cartel.

Vertov pretendió en vano convencer a los espectadores de que su cine captaba la realidad con la misma objetividad que el ojo humano, pero sus películas hicieron alarde un magistral uso del montaje. El realismo era solo relativo
Man Ray, al igual que Hans Richter, jugueteó en diversas ocasiones con el globo ocular, y no
solo en fotografías como la que abre este post (Les larmes, 1932) ), sino también en momentos aislados de su breve -pero interesantísima- filmografía (Retour a la Raison, Emak Bakia, Les Misteres du Chateau du Dé).
Fritz Lang no escatimó esfuerzos ni presupuesto en lograr la mayor altura estética en Metrópolis. En la magistral secuencia del baile de la falsa María, y mediante un fotomontaje (probablemente de exposiciones sucesivas), Lang nos mostraba este tupido telón de ojos ansiosos por devorar el cuerpo lujurioso de la mujer mecánica…


Es curioso el parecido que estas imágenes guardan con los diseños que Salvador Dalí ideó para la legendaria secuencia onírica de Spellbound (1945).

Entre el conjunto –amplio y desconocido- de ideas y bocetos ofrecidos por Dalí, Hitchcock intentó filmar los más “cinematográficos”, es decir, solo una pequeña parte, pero no desestimó la imagen de un ojo cortado por un hombre con unas enormes tijeras.

Sin lugar a dudas con esta imagen Dalí estaba recuperando un motivo ya presente El Perro Andaluz (1929), que había sido su primera incursión en el mundo del cine. Si la presencia de un ojo en la pantalla es dramáticamente efectiva, Luis Buñuel y Salvador Dalí demostraron que la agresión al ojo lo era aún más. Imborrable.


Alfred Hitchcok es, de hecho, el cineasta que ha vuelto con mayor insistencia sobre el tema. Dotada de un denso trasfondo psicoanalítico, Vértigo (1950) incorporaba en los famosos títulos de crédito creados por Saul Bass la visión seccionada de un rostro de mujer hasta desembocar en un ojo, a través del cual comenzaban a surgir unos extraños diseños geométricos…

(Podéis ver un despiece de los créditos clickando aquí)
El voyeurismo activo, militante, de Hitchcock impregnó, de uno u otro modo, grandes parcelas de su filmografía. La mirada, la mirada devoradora, la posesión del objeto del deseo por medio de la mirada, es un tema central en Psicosis (1960)…
Pero una de las imágenes más indelebles del ojo y la mirada, es la que nos brindó Jean Cocteau ya en Sangre de Poeta (1930). En esta ocasión la mirada no rinde servidumbre a un argumento dramático. La poesía visual de Sangre de Poeta nos muestra a un hombre que, trasladado al pasillo de un hotel delirante, tiene la posibilidad de espiar a través de las cerraduras de las puertas. No es la mirada del deseo esta vez, se trata de una ojeada al subconsciente.

La poética del ojo, la insistencia en el tema, es consustancial al cine porque su mera presencia en la pantalla constituye algo así como un recordatorio, no siempre amable, de la mirada inherente, irreprimible, a todo espectador. Un juego de espejos.





sin dijo
A ver (nunca mejor dicho) si me bajo un dia de estos la de Dziga Vertov. Ultimamente, apoyándome en el libro "1001 películas que hay que ver antes de morir" estoy llenando alguna que otra laguna cinéfila, y una que tengo pendiente es la del ruso.
Añado otro glóbulo ocular, ni más ni menos que el de "Peeping tom" de nuestro admirado Michael Powell, otro himno al alma voyeur:
http://www.delijst.net/delijst/filedump/index.php?dir=18%2B+movie...
3 Junio 2006 | 08:00 PM