Festivo Pretexto de Elegía

Ayer viernes pasé todo el día en Málaga. Hizo un tiempo estupendo y me dio tiempo a varias cosas…
El motivo del viaje era visitar la exposición Man Ray: soy un enigma en la Fundación Picasso: fotos, lienzos, esculturas, y ensamblajes del artista norteamericano. Una selección de obras bastante amplia y con un montón de piezas estupendas, algunas tan famosas como su Objeto Indestructible. Una gozada.

Ignoro si lo he leído en alguna parte, y es incluso posible que lo haya inventado por mí mismo (ya me resigno a creer cosas que invento sin darme cuenta), pero es posible que el ojo colocado en el metrónomo sea de Lee Miller, la más bella de todas las mujeres que ocuparon el corazón de Man Ray. Siempre he visto esta obra como la representación de un amor perdido, y por ello indestructible, insistente.
Pasé también por el Museo Picasso de Málaga. La colección permanente es escasa e irregular, pero había una extensa exposición temporal sobre Los picassos de Antibes que merecía la pena. La entrada de 8 euros sin embargo me pareció carísima. Aquello no era un museo, sino una serie de obras dispuestas alrededor de una taquilla. Nunca he percibido con más claridad el modo en que el arte y la cultura se convierten en objeto de mercancía. El olor a colonia cara, unido a los efluvios del menú de diseño en la cafetería daban bastante asco. Entre la colección: picassos hermosos, excelentes, junto a obras menores y de relleno.

Callejeando por la trama única y cochambrosa de esta ciudad encontré una de las mejores librerías de viejo que yo haya conocido hasta hoy: la Librería La Abadía. Estuve mirando libros durante mucho rato, y cuando ya me iba me topé cerca del mostrador con una pequeña pila de libros editados por Ángel Caffarena. Los ojeé con la esperanza de encontrar alguno de los libros que Rafael Pérez Estrada sacó a la luz llevado de la mano de este editor exquisito. Y allí estaba, un ejemplar original de Festivo Pretexto de Elegía editado en 1974. Una joya.

Al abrirlo pude ver que contenía una dedicatoria autógrafa (tremendamente críptica) y una “Fe de Herratas” mecanografiada y firmada también por “R.P.E”. Me lo llevé por 13 euros (previa petición de rebaja por el deterioro de la portada). Lo he añadido a la pila de libros que espero poder rematar este verano.
A última hora de la tarde circulaba en coche por el paseo marítimo y no pude evitar detenerme a mirar el mar. He estado echando cuentas y creo que hace más de cinco años que no lo veía. Solo me paré unos minutos. Las grúas enormes del puerto me ayudaron a reconstruir de algún modo el mediterráneo industrial y litúrgico de los textos de Estrada.
Quién puede decir mar impúnemente…
Hubiera sido todo estupendo de no ser porque incomprensiblemente me pasé el día entero echando de menos a dos letras del abecedario cuya suma da una única persona…






































cretina dijo
Mmm, Man Ray, genial excusa para acercarse a ver el mar...
27 Mayo 2006 | 10:22 PM