Pierson y la Castiglione

Virginia Oldoini, posteriormente conocida como Condesa de Castiglione nació en Turín en 1835, en el seno de una familia de la nobleza italiana. Dueña de una poderosa belleza, a la edad de 19 años contrae matrimonio con el conde Francisco de Castiglione (escudero del rey Víctor Manuel) , el cual se muestra desde un primer momento como una persona fría, de carácter reservado, muy distinto de cómo es la condesa. A ella le encantan las fiestas y los viajes, y se muestra con un carácter alegre y disipado. En 1855 viaja por primera vez a París , y bajo la instrucciones de su primo, el Conde de Cavour, seduce a Napoleón III, convirtiéndose en su amante. Ante el escándalo, su marido pide el divorcio. Distintos avatares, en los que se funden motivos personales y peligrosas intrigas políticas, la devuelven a Italia, pero se ve obligada a vivir recluida, siendo tan sólo una mujer de veintiséis años. Años después vuelve a París.
La reclusión de esta extraña mujer, y su obsesión por dejar constancia de su belleza le lleva a contratar en 1856 los servicios del fotógrafo Pierre-Louis Pierson (1822-1913). Comienza así
uno de los episodios más singulares de la fotografía de género retratístico. Pierson pone su pericia técnica al servicio de la inventiva de la Castiglione: los más de 400 (¡) retratos realizados por Pierson son un excelente conjunto de fotografías en los que se hace patente la extraña personalidad de la condesa. La Castiglione posa de mil y un formas distintas, variando sus atuendos como en un baile de disfraces, o como una actriz frustrada que quiere arrogarse todos los personajes en sucesivas poses cargadas de teatralidad, y luciendo siempre elaboradísimos trajes, algunos de los cuales recibían nombres legendarios como el de Reina de los Corazones. Convierte lo que entonces era un medio artístico de lujo (la fotografía) en un juego dilatado a lo largo de muchos años.
Llegó incluso a retocar personalmente con guache algunas de sus fotos (arriba), y llama enormemente la atención que, posiblemente bajo las indicaciones de la condesa, Pierson fotografiara de modo específico sus piernas y sus pies.
A mediados del siglo XIX estas imágenes eran completamente escandalosas, y hoy en día, a mí al menos, me sugieren una estética bastante avanzada, ya que no era en absoluto usual fotografiar el cuerpo humano por secciones. Por otro lado hay quien ve en este retrato…
…una evocación de la Venus del Espejo de Velázquez. El apunte -que he localizado aquí por casualidad- desde luego es verosímil, dado el gusto de los fotógrafos de la segunda mitad del XIX por evocar la obra de grandes pintores (lo que se ha llamado corriente pictorialista), y por la significación que esta obra en concreto podría guardar con la megalomanía de la condesa. Intuyo casi con toda claridad que muchas de estas fotos (y principalmente las eróticas) se concibieron para ser enviadas a alguno de sus amantes, aunque apenas sepamos nada de su vida privada durante su largo periodo de aislamiento. Todo ello sería verdaderamente digno de un poema de Baudelaire.
Vivió sus últimos veinte años en un entresuelo de la Plaza Vendôme. Parece ser que solamente salía de noche de su silenciosa mansión , con un velo negro que le cubría el rostro. La llamaban “la loca de la plaza Vendôme”. Muere en 1899, sola y olvidada por todos.







































cretina dijo
El Juego de la Locura me parece una fotografía brutal... ni ella era una mujer de su tiempo ni la imagen que ha dejado a través de Pierson lo es...
Ya no quedan mujeres enigmáticas como ella, una lástima.
19 Mayo 2006 | 12:10 PM