Pandora Gardner

No puedo decir que Pandora y el Holandés Errante (1951) sea una obra maestra, ni que sea la peli que más me gusta, pero es sin duda una de las que más me han obsesionado.
Albert Lewin –su director- era un hombre relativamente culto, amante de la literatura y el arte. Es algo que se nota ya en El Retrato de Dorian Gray (1945), pero que tiene un interesantísimo desarrollo en Pandora. Para re-crear estos dos mitos de la literatura clásica (el de Pandora, y el del Holandés Errante), Lewin escoge un escenario muy extraño: la Costa Brava, y en concreto el pueblecito catalán de Tossa de Mar (que en la peli recibe el nombre de Esperanza).
Pandora and the Flying Dutchman es un mosaico extremadamente kitsch en el que se amalgaman elementos muy diversos:
Ava Gardner en la cima de su belleza física, y en el papel de una mujer contradictoria, objeto del deseo de tres hombres diferentes (su belleza desata la desgracia a su paso), pero de corazón honesto.
Un torero (Mario Cabré) que ha de representar inevitablemente una cierta gallardía proverbialmente española, pero que pone de relieve las relaciones amorosas y reales de Ava con este torero y otros como Luis Miguel Dominguín.
Un reparto que incluye a un holandés centenario interpretado por James Mason y que decide amarrar su velero junto al pueblecito de la costa catalana, un piloto de bólidos que quiere batir un record de velocidad circulando sobre la playa, un arqueólogo, un alcohólico (Marius Goring) desesperadamente enamorado de Pandora, y una mujer tremendamente celosa…
A esto hay que añadir la fotografía de –el ya habitual por estos lares- Jack Cardiff, fotógrafo sobresaliente donde los haya, y pionero del Technicolor. En Pandora, y probablemente a petición de Lewin, que deseaba evocar límites cromáticos propiamente pictóricos –ya veremos por qué- Cardiff crea una fotografía arriesgada, de colores chillones, vibrantes, a veces con tonalidades azules o verdes completamente desconcertantes y que, a falta de una edición en dvd convenientemente restaurada, te hacen dudar de cual era el aspecto original del film en el estreno y cuánto de ese efecto podría deberse a una gloriosa degradación del material por efecto del paso del tiempo. Hay escenas rodadas con tan poca luz que cuesta identificar a los personajes.
Por todo ello Pandora es una película extremadamente singular. Para algunos es una obra maestra, pero para otros es un producto de un mal gusto espectacular. Es, en cualquier caso, un proyecto ambicioso y netamente artístico: Pandora es una película acerca del Amor, la Muerte, y el Tiempo.

Tengo la corazonada -que aún no he conseguido confirmar en ningún manual- de que Albert Lewin conocía y admiraba casi con devoción la pintura de Salvador Dalí, y que en el origen de la película estaba el deseo de Lewin de obtener un largometraje que diera movimiento y sentido cinematográfico a algunos motivos propiamente dalinianos. Es eso lo que explica la atmósfera onírica de la peli: el contraste entre el bólido de carreras y el toreo, el cuadro flamenco y la canción de jazz que Ava canta mágicamente al piano, un uso magistral de la profundidad de campo y las perspectivas forzadas, la magnífica secuencia de la fiesta nocturna en la playa (que es, en apenas unos segundos, un ejercicio de cine vanguardista), y el hecho de que el argumento gire en torno a un mito griego y a otro centroeuropeo (motivos usuales en la obra de Dalí: Narciso, Leda, Gradiva…).
Solo eso podría explicar que Lewin trasladase el rodaje hasta la misma costa catalana (si véis la peli en vo notaréis que el primer diálogo de la película está en catalán), como si el acercarse al –tan amado por Dalí- Cabo de Creus le fuese a proporcionar la inspiración necesaria, y como si quisiese capturar en esas playas algo que probablemente pensaba que solo podría brotar allí. Su deseo de imitar de algún modo la poética daliniana está en un segundo plano a lo largo de toda la película, pero en algunos momentos emerge con más claridad…




























Sr.Ruso dijo
Con lo que a mí y a la Sra. Rusa nos gusta ir a Tossa de Mar. Siempre que podemos nos escapamos y rememoramos los escenarios de la película. Incluso tienen una estatua de la Gardner dentro de la zona amurallada, para recordar que un día se grabó allí esta mítica película.
Es muy interesante el paralelismo que haces entre Lewin y Dalí, no había recapacitado nunca en ello, pero me parece que no andas muy equivocado.
10 Mayo 2006 | 02:24 PM