La silla (y la peluca) de Glenn Gould

Hace ya varios meses que colgué en El Rincón Cinéfilo una reseña de Thirty Two Short Films about Glenn Gould . Creo que quedó patente mi admiración por este tipo, y ahora sé que no soy el único a quien despierta curiosidad.
En mi caso, que no soy realmente un gran aficionado a la música clásica, y que no conozco de
Gould sino su grabación de las Variaciones Goldberg, lo admito cuantas veces haga falta: el pianista canadiense me obsesiona. Escucho las Variaciones casi a diario. Y entretanto me diagnostican si mi afición por ellas es una obsesión compulsiva o no, os hablaré de la silla de Gould.
Entre las innumerables manías de este pianista estaba su silla. A lo largo de su breve carrera como concertista de piano, Gould decía que jamás lograban ofrecerle una silla que le permitiera tocar el teclado con comodidad. Glenn, al que le ha sido póstumamente diagnosticado un trastorno mental llamado Síndrome de Asperger (y vayan a saber si es cierto o no, yo solo apunto el dato), solo era capaz de concebir una silla adecuada. Ésta que ven aquí abajo.

Una silla rarita, eh? Al parecer fue realizada por el padre de Glenn Gould modificando un tipo de silla que se suele usar para jugar a los naipes, y deduzco que se la hizo cuando el pianista era aún muy jovencito (aunque estos puntos son confusos). Como puede observarse CARECE DE ASIENTO propiamente dicho, y su altura es muy baja para tocar el piano. Cuando Gould tomaba asiento, su cabeza quedaba a pocos centímetros por encima del teclado, pero era la postura en la que él se sentía cómodo. Es más, Gould, que llegó a prescindir totalmente de la etiqueta en sus últimos conciertos, era capaz de tocar el piano con las piernas cruzadas (¡).

Verle tocar era todo un espectáculo. Su cuerpo se balanceaba al compás de la música, como si su cabeza describiera
una órbita, no podía evitar de ningún modo tararear la misma melodía que interpretaba al teclado (lo que quedó registrado en un segundo plano en todas sus grabaciones), hacía extraños gestos con las manos, antes de cada concierto o grabación sumergía sus manos en agua caliente durante un tiempo determinado para relajar los músculos, y acabó por declinar cualquier apretón de manos en su vida diaria, ya que temía que sus muñecas o sus falanges pudieran quedar dañadas.

Existe una gran cantidad de fotos que nos muestran a Gould tocando al piano, y como puede observarse no es casual. Gould no interpretaba las piezas, las realizaba, las sacaba de sí. Tanto es así que normalmente no precisaba de partituras. Su relación con la música no era la de un intérprete normal,
sino la de un compositor que aportaba una visión única en cada una de sus interpretaciones, una verdadera comunión. Y no crean que era una especie autómata hiper-disciplinado: la personalidad del canadiense era compleja y fascinante, ciertamente repleta de pasajes oscuros, obsesiones, miedos, pero también provista de un sentido del humor extremadamente desarrollado.
Pocos conocen su afición a tomar identidades falsas, una manía que convirtió en un entretenimiento habitual en sus programas de radio
en los que se invitaba a sí mismo bajo la forma de distintos personajes, como Sir Nigel Twitt-Thornwaite (un supuesto director de orquesta británico), el Dr. Herbert Von Hohcmeister (crítico alemán), Theodore Slutz (un taxista neoyorquino), Karlheinz Klopweisser (compositor y crítico
alemán), además de un par de psiquiatras llamados S. F. Lemming y Wolfgang Von Krankmeister. Con ellos organizaba encuentros y entrevistas absurdas que le permitían poner en duda la esfera oficial de la cultura en general, y de la música clásica en particular.

Gould, que había dejado perplejo al mundo entero con su decisión de abandonar la vida pública del intérprete para centrarse únicamente en los ensayos, las grabaciones, y sus personalísimos programas de radio, llegó a realizarse a sí mismo alguna que otra entrevista despiadada con la intención de explicar y aclarar su postura ante la música y la vida. El acoso al que se sometió en una de ellas le obligó a suspender el interrogatorio, acorralado ante los requerimientos de su entrevistador, que no era otro que él mismo…

Pan… pan… pararán… panpán… panpanpan…
Extra:











































jasoninternauta dijo
Todo un personaje este Gould.
Recordaba haber leído el comentario en el Rincón, pero ha venido bien refrescar la memoria.
Saludos, saludos. :)
10 Abril 2006 | 12:14