Cabo San Roque o el juego de la silla
Todos saben que el mar trae a veces trozos de cristal verde muy pulido,
un escarbadientes, un click de famobyl, un zapato, o una lata grande de gasoil de un bonito color óxido. Un tipejo desubicado que se llamaba Pascal Comelade cayó en la cuenta hace muchos años de que con estas cosas arrastradas se podía hacer música (arrastrada). El maestro Pascal Comelade y su Bel Canto Orchestra nos han proporcionado desde los años setenta hasta hoy material sonoro para imaginar un territorio ratonil, daliniano, de tiovivo, cabaret, y primera comunión napolitana.

Y ahora llega Cabo San Roque. Oí hablar de ellos por primer vez hará cosa de un año, pero
hasta ayer mismo no pude escuchar su música. Otra Nueva Motonave es un disco (el primero? el más reciente? ni idea) que debe mucho –mucho- a Comelade, a la música popular, a Fellini, a Nino Rota, y a Salvador Dalí. A los que ya somos seguidores del extraño habitante del Pirineo, Cabo San Roque no nos aporta nada especialmente novedoso, pero bienvenidos sean.

Mientras que la empresa comeladiana se nutre en primer lugar del mismo Comelade, de su amplísima colección de instrumentos de juguete, y su método sin método, ayudado casi siempre de un grupo de eventuales e impresentables (Enric Cassases, Victor Nubla…), Cabo San Roque, en cambio, es un grupo de gente que recicla todo tipo de material para construir sus instrumentos (un palo de fregona, un juguete roto, una máquina de escribir estropeada, una bicicleta descuajeringada, un bote de plástico vacío de suavizante líquido, latas, cuerdas, tubos flexibles, una alcachofa de ducha, un viejo baúl de madera, pinzas de la ropa y hasta grapadoras dispuestas en serie). Sobre el escenario –dicen- cada uno de ellos está caracterizado de un modo personal, y todos alternan en los instrumentos, como si fuera el juego de la silla.

Deben su nombre al buque en el que al parecer un emigrante montevideano llegó a España. Este buen hombre logró amenizar el viaje transformando una maleta en un improvisado contrabajo, instrumento que fue encontrado por casualidad hace unos años por uno de los componentes de Cabo San Roque, hallazgo detonante para poner en marcha el proyecto.

A diferencia de músicos como Harry Partch,
que recogió la tradición instrumentística de los vagabundos buscando nuevas sonoridades en materiales de deshecho -pero dirigiendo su música hacia límites armónicos y melódicos extraños- la aventura de Pascal Comelade y de Cabo San Roque se nutre casi siempre de melodías populares, del mundo del cine, atmósfera circense, y unas referencias literarias y plásticas ancladas en aquellas Vanguardias Traviesas que aún sabían reír y hacer aros de humo.
Prueben, prueben esta música… es como comerse una
seta rara. Una seta con piernas de bailarina y orejas de cerdo que baila una polka. O como desayunar narices de payaso.
Ñam.
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Dexcy Figueroa dijo
MUY INTERESANTE!!
21 Octubre 2008 | 08:35 PM