Kinski & Herzog: enemigos íntimos
Déspota, ególatra, colérico, irrespetuoso, irritable, mentiroso compulsivo, inestable, excelente actor… Así podría definirse la personalidad del actor Klaus Kinski (1926-1991) .
A comienzos de la década de los setenta Kinski había puesto en marcha una especie de espectáculo o happening en el que se limitaba a increpar al público intentando convencerles de que era Jesucristo. Tal y como suena. La presencia de Kinski, arengando, blasfemando y escupiendo sobre el micrófono, ofrecía una experiencia intermedia entre San Juan Bautista y Adolf Hitler, y provocaba en el aforo risas e intimidación a partes iguales.
Atrás quedaba una impresionante carrera teatral, como insuperable declamador, y como actor en películas baratas de terror (lo que incluye alguna peli de Jesús Franco). Decía de sí mismo que era una puta (ya que trabajaba por dinero) y se consideraba un genio hundido en el fango. Pero por delante le esperaba probablemente lo mejor de su carrera: su larga colaboración con el director Werner Herzog, que abarcaría cinco películas: Aguirre, la Cólera de Dios (1972), Nosferatu, el fantasma de la noche (1979), Woyzeck (1979), Fitzcarraldo (1982), y Cobra Verde (1987).

La compleja (y fascinante) relación creativa entre Herzog y Kinski, llevó al director a realizar en 1999 el documental Mein Liebster Feind (Mi querido enemigo), donde se explican multitud de situaciones, algunas de ellas verdaderamente impresionantes.

Herzog, que casualmente había convivido con Klaus durante algunos meses de su niñez, supo ver en el actor el potencial que su Aguirre necesitaba, pero el rodaje de la pelicula se convirtió en una auténtica pesadilla. El proyecto (que conllevaba rodar en el mismo corazón de la Amazonia, y con escasísimos medios) era realmente arriesgado, pero nadie le había preparado para lidiar con el actor alemán. Las sucesivas discusiones, violentas y acaloradas, minaron el estado de ánimo de todo el equipo. Kinski, que no quiso adentrarse en la selva sin hacerse antes con un buen fusil, dijo delante de todos que odiaba a Herzog y que quería matarlo. Muy cerca del final del rodaje, y en un momento de gran tensión, Kinski se negó a rodar una escena. Herzog se marchó y volvió con una pistola (que según su versión estaba descargada), diciéndole a Klaus que contenía 9 balas: “Ocho son para ti, y la última para mí. Haz esa escena o disparo”.
Kinski declaraba que despreciaba a Herzog por encima de todas las cosas, y que lo consideraba desprovisto del más mínimo talento, pero es evidente que se necesitaban. Herzog aprendió a soportar la personalidad egomaníaca del actor, y éste hubo de reparar en que ningún otro director extraería de él las cosas que Herzog le exigía.

Fizcarraldo, mi película preferida de la lista de cinco (hasta el momento, ya que me faltan varias por ver), supuso un tour de force definitivo. Esta magnífica película puso de manifiesto las cualidades de ambos, y generó innumerables conflictos y verdaderas leyendas dentro de lo que podemos considerar anécdotas de rodaje. Klaus ansiaba en todo momento ser el centro de atención. Un día uno de los operarios que desmochaban los árboles fue mordido por una serpiente venenosa, y su inmediata reacción fue amputarse el pie con el hacha para impedir que el veneno le matara. Tal decisión le salvó la vida, y dejó espantado a todo el equipo. El actor, que sabía que nunca podría superar semejante actuación, se negó a rodar ese día.

Mein Liebster Feind combina imágenes de archivo (como las del happening mesiánico), making off de varias de sus películas (impagable el barco de Fitzcarraldo a la deriva), entrevistas, y narraciones en primera persona.
Para comprender algo mejor la retorcida personalidad de Kinski es necesario echar un ojo a este fragmento autobiográfico. Se hace patente que Kinski es muy consciente de su papel de genio incomprendido, y su venenoso lenguaje revela el deseo oculto de ser el único y verdadero Antonin Artaud de su tiempo. Todo en él apunta en esa dirección. Sin embargo, Mein Liebster Feind también nos muestra a un Kinski que en el fondo también sentía una gran complicidad con Herzog, y nos lo devuelve, por ejemplo, jugando de forma improvisada con una mariposa
en un momento muerto de la filmación, lo que puede darnos una idea de la ternura que albergaba y que según dicen profesaba sin límites a sus hijos.






































sin dijo
Grandísimo documental el de la relación entre actor y director. Pulula uno por You tube en el que Herzow se come un zapato; sí, igualito que Chaplin. Me parece más redonda "Aguirre, la colera de dios" que Fitzcarraldo. Todavia no vi las demás con Kinski. De Herzog tambien me fascinó la de El Enigma de Kaspar Hauser. Hace poco ví "Grizzly man" y es un documental como la copa de un pino.
8 Marzo 2006 | 02:24 PM