La Coctelera

rrose

Categoría: Música Redonda

10 Mayo 2009

200 días en Sing-Sing

Ya está en boca de todos. A lo mejor ya lo has leído en la pantalla de tu ordenador. Hace poco más de una semana salió a la luz el segundo y esperado número de 200 días en Sing-Sing, el fanzine gratuito de distribución digital que dirige Javier Reguera (autor del ilustre blog Así se fundó Carnaby Street). Hay que echarle un vistazo, o dos, porque contiene viñetas de Javier Molinero, ilustraciones de Jamal Vrno, artículos sobre flappers, maniquíes, música digital, moda, pensamiento y cultura en todas sus vertientes. Los lectores habituales de la maquinaria de la nube encontrarán, además, una glosa enciclopédica que les resultará familiar. Proyectos como este me hacen pensar que aún quedan personas que hacen cosas por amor al arte. Literalmente. Ya se lo ha bajado todo el mundo ¿A qué esperas tú?

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(Imposible ha sido identificar al autor de la fotografía que abre este post y que tomé del fanzine, pero la viñeta de las monjas es de Javier Molinero)

Tags: fanzines

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28 Diciembre 2008

What is this thing called love

Este video que van a ver es una cosa que lo deja a uno verdaderamente traspuesto. No solo por el inefable clarinete de Sidney Bechet, sino porque hoy usted va a aprender cómo se reproducen las babosas. Yo no he visto una cosa más hermosa y más tórrida en toda mi vida.

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15 Agosto 2008

Sigur Ros, McGinley & Eakins

El pasado 23 de junio se lanzaba al mercado Með suð í eyrum við spilum endalaust (“con un zumbido en los oídos tocamos sin parar”) el último álbum del grupo de pop islandés Sigur Ros. Es un brillante conjunto de canciones que quizás no alcance la belleza de álbumes anteriores como Ágaetis Birjun (1999) o ( ) (2002), pero que merece la pena escuchar. La primera vez que ví la portada del disco me hizo bastante gracia, pero al oirlo con detenimiento me he dado cuenta de la idoneidad de ese grupo de chicos que corren desnudos por el campo atravesando una carretera, siendo además el grupo islandés un baluarte del ecologismo en su país de origen. Leyendo sobre el asunto en Ocnos (página web oficial del grupo en España), me entero de que se trata de una fotografía de Ryan Mcginley (Nueva York, 1977), artista que tanto interés ha provocado con una serie de instantáneas titulada I know where de summer goes y que es de donde procede la imagen de la portada.

Falling Green Water, Ryan McGinley, 2007

Las fotografías de McGinley son, a qué negarlo, extremadamente cool. Dan cuenta de un encantador hedonismo, un rendido culto a la juventud y la belleza, cosa que el fotógrafo tiene la delicadeza de proponer sin una servidumbre completa hacia los estereotipos. Los jovencitos y jovencitas desnudos de estas fotos rozan lo que alguna mente podría considerar pornográfico, pero la belleza de estas fotografías está precisamente en su desnudez, y no solo en la desnudez de sus protagonistas, sino en la sincera desnudez de la propuesta: fotos que parecen improvisadas o tomadas al vuelo y que logran transmitir exactamente aquello que el título de la serie nos anticipa.

Marcel, Ann & Coley, Ryan McGinley, 2007
Nude, bicycle, Ryan McGinley, 2005

Sin embargo, observándolas, me ha parecido que no hay nada demasiado novedoso en estas imágenes, tan hermosas por otro lado. En algunas de ellas se detecta el eco de artistas muy anteriores en el tiempo. Amar lo inmaduro es suplicar la inmortalidad, escribió el poeta malagueño Rafael Pérez Estrada, y antes que McGinley, el temblor de esta afirmación fue sentido por pintores como el norteamericano Thomas Eakins (1844-1916), algunas de cuyas obras más famosas se dejan sentir en la serie de McGinley.

Arcadia, Thomas Eakins, 1883

Swimming, Thomas Eakins, 1884-5

Aunque trató con gran solvencia diversas temáticas, el desnudo fue para Eakins una preocupación fundamental, y durante su estancia en París comprobó con frustración la dificultad para encontrar modelos con los que hacer estudios del natural. De vuelta a los Estados Unidos, Eakins tomó la determinación de investigar el desnudo, y para ello hizo uso de una herramienta auxiliar prácticamente nueva: la fotografía. La experimentación de Eakins revela un momento crucial en la evolución de las artes plásticas en el que la fotografía tiende unas veces a rivalizar con la pintura, y otras su papel queda reducido a la servidumbre. Eakins -que terminará aportando incluso su granito de arena a cierta forma de cronofotografía- utilizó sus negativos como base para la realización de alguna de sus obras pictóricas más conocidas como Swimming, pero habría que hilar muy fino para dilucidar dónde termina el fotógrafo y dónde el pintor.

Eakins´s art students bathing, Thomas Eakins, 1883

Three boys wading in a creek, Thomas Eakins, 1883

Self-portrait with J. Laurie Wallace at the shore, Thomas Eakins, ca. 1883

Finalmente, os dejo con el videoclip dirigido por Arni & Kinski para Gobbledibook, el primer single de Með suð í eyrum við spilum endalaust. Pero muchísimo cuidado al verlo, no sea que os entren ganas de desnudaros y lanzaros a la naturaleza sin más ni más, porque podría gustaros. Feliz verano.

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Eighteen seconds before sunrise (página oficial de Sigur Ros)
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16 Marzo 2008

Die Stille vor Bach

Por primera vez, y quizás como precedente, no escribo yo mismo la reseña de una película. Esta vez prefiero llevarles de la mano de Marcelo Expósito, con su artículo El Silencio antes de Bach. Un film de Pere Portabella.


Die Stille vor Bach es una aproximación a la música y a las disciplinas y oficios que la rodean a través de la obra de Johan Sebastian Bach. Una mirada sobre las profundas relaciones dramatúrgicas que existen entre imagen y música, de manera que no se concibe ésta última como un mero subrayado subsidiario de la imagen, sino como sujeto paritario del relato.

Así que parte de una estructura musical previa. La banda sonora se nutre de obras de J.S.Bach, de dos sonatas de Félix Mendelssohn y un estudio de György Ligeti, que crean una bóveda arquitectónica bajo la cual transcurre la historia de la película. Un paseo por los siglos XVIII, XIX y XXI de la mano de J.S.Bach.

Juan Sebastián Bach llega con su familia a Leipzig para ocupar el puesto de Cantor en la Escuela de Santo Tomás. Trabajador aplicado y devoto, su posición social y laboral dista de ser privilegiada; pero su fama como compositor e intérprete crece exponencialmente a lo largo de su vida y trasciende su muerte, siendo en el presente tanto un referente alto cultural como un icono popular.

Punto.

No hay más argumento en esta película. Como en todas las de Portabella desde hace treinta años, “Die Stille vor Bach” es cine despojado de anécdota. Ni se desvela ninguna intimidad, ni explota ningún escándalo, ni se cuenta prácticamente nada que no se sepa; Bach, de hecho, aparece, propiamente hablando, en escasas escenas: es exactamente el opuesto de un biopic. Es también el opuesto del formato teleserie hinchado a 35mm (en las películas comerciales actuales, los personajes hablan por los codos porque la industria de producción de películas ya no cree en la imagen ni en el cine).

Apenas se habla, pero podríamos decir que esta película habla fundamentalmente de dos cosas: del trabajo y de la Historia.

Es a través del trabajo que esta película elige hablar del arte. Bach no es un genio que crea ex nihilo por pura y cristalina inspiración divina. Es un trabajador inagotable que vende su dedicación y el producto de su inteligencia creativa a cambio de (poco) dinero. Tiene que pelear por mantener su puesto de trabajo y es un compositor consciente de las condiciones materiales que hacen posible su música. Toda la película está filmada con sonido directo, remarcando de esta manera cómo la música procede siempre de la técnica y de la fisicidad de los diferentes instrumentos, así como del esfuerzo y del virtuosismo de su ejecución. Bach enseña a su hijo que la música que suena en el interior de su cabeza se socializa precisamente mediante su técnica de interpretación. Los personajes de esta película, por lo general, y no sólo Bach, trabajan: hay camioneros que interpretan música, carniceros que empaquetan vísceras con partituras de Bach y afinadores de pianos que son ciegos. Se podría decir que esta película también trabaja, pues rechaza limitarse a explotar las bajas pasiones o las expectativas o la necesidad de evasión del espectador, a quien se le solicita también participar del trabajo de la película.


En Die Stille vor Bach no hay una historia lineal: la película avanza, como siempre en el cine de Portabella, por medio de secuencias sin otra relación “causa-efecto” que la que le atribuya el espectador, ultimo destinatario. Sí hay, a cambio, bastante de Historia, aunque nos encontremos frente al opuesto de una superproducción histórica. Se trata de una película europea. Europa es su nacionalidad, porque Europa es el campo afectivo, simbólico, histórico y político que la sustenta: es el escenario donde tiene lugar. Esta película (filmada en tres idiomas: castellano, italiano y alemán) sostiene que Europa no podrá seguir adelante sin reconocer que bajo su pasado (hoy transmutado en un escenario turístico pateado por jóvenes mochileros) y su incierto presente político (dominado por la tecnocracia y la amnesia) subyace una Historia tensa, conflictiva, dramática (el corazón de la película se sitúa en Dresde). Que el esplendor de su cultura es inseparable del sufrimiento y de la explotación infligida durante siglos, que en su base hormiguea una multitud como la del mercado de Leipzig. Que su presente no es menos tumultuoso y ambivalente que su pasado.



El artículo proviene de la página web oficial de Die Stille vor Bach
Tags: cine, musica, bach, piano

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18 Mayo 2007

Doce composiciones para piano

Pianoscopio, de La Maleta de Rrose (2005)

Hace unos días el artículo sobre el Lanzamiento de Piano en Alaska recibió un interesante comentario de una tal Marga que decía así:

Q pena d blog... Como pianista q soy me avergüenzo de q haya gente semejante q eche a perder el trabajo d otros... Eso es arte? Eso es NO SABER Q HACER Y REÍRSE DE MI ARTE.

La opinión de Marga, tan respetable como cualquier otra, no tiene nada de original, porque el sentido de sus palabras coincide con el de una gran parte de la gente: según Marga Fluxus sería poco más que una falacia entre tantas otras a que ha dado lugar el arte de vanguardia. Como respuesta a esta polémica (que tanto ha tardado en asomar en la Maquinaria), propongo una demostración práctica de que Fluxus no es algo tan obtuso, ni tan cerebral, ni tan elitista como se suele considerar. Esta demostración consiste en el seguimiento atento de dos simples y sencillos pasos. Que cada uno ría hasta donde pueda, y que cada uno saque sus propias conclusiones.

Doce composiciones para piano dedicadas a Nam June Paik(1962), de George Maciunas

Composición nº 1 Haga que los transportistas del piano lo lleven al escenario
Composición nº 2 Afine el piano
Composición nº 3 Pinte dibujos de color naranja en el piano Composición nº 4 Con un palo derecho que tenga la longitud del teclado haga sonar todas las teclas al mismo tiempo
Composición nº 5 Coloque un perro o gato (o a ambos) dentro del piano y toque Chopin
Composición nº 6 Estire las 3 cuerdas más altas con la llave de afinar hasta que salten
Composición nº 7 Coloque un piano encima de otro (uno puede ser más pequeño que otro)
Composición nº 8 Colocar un piano hacia abajo y colocar un vaso con flores sobre la caja
Composición nº 9 Pintar un cuadro del piano para que el público pueda verlo
Composición nº 10 Escribir la composición para piano nº 10 y enseñarla al público
Composición nº 11 Lavar el piano y encerarlo bien

Composición nº 12 Haga que los transportistas se lleven el piano fuera del escenario

Charles Chaplin y Buster Keaton en Limelight (1952)

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8 Abril 2007

Música de vidrio

No sé si alguno de vosotros recordará un fragmento de E la Nave Va en el que dos viejecitos, a la sazón maestros de canto, junto con un poeta esperpéntico, entonan una dulce melodía sirviéndose para ello de varias hileras de copas de cristal llenas de agua a distintos niveles. Puede parecer raro, pero es una de mis escenas favoritas de toda la historia del cine. Pues bien, para aquellos que como yo creían que la música hecha con instrumentos de vidrio se limitaba a ver una y otra vez ese trocito de peli, a soplar cascos de cerveza y frotar infructuosamente las copas de champán en la cena de Navidad, he aquí la respuesta: Jean Claude Chapuis y el TransparenceS Musiverre .

La música obtenida con instrumentos de cristal se remonta, dicen, hasta la antigua China. Sin embargo, fue en el siglo XVIII cuando se puso de moda en Europa y alcanzó su apogeo gracias a instrumentos como la llamada Glass Armonica, inventada en 1761 por ese fuera de serie que fue Benjamin Franklin. La armónica de cristal venía a dar solución mecánica y enciclopédica al modo tradicional de hacer vibrar las copas de cristal: varias piezas cilíndricas de cristal se ensamblan en un vástago central que gira mediante la accion de unos pedales, de modo que solo se requiere posar los dedos húmedos sobre el torno central, que hace las veces de teclado.

Glück, Beethoven o Mozart compusieron piezas pensadas exprofeso para la armónica de cristal. A comienzos del siglo XIX el timbre de éste y otros instrumentos de vidrio como el Séraphine y el Euphone, se asoció con lo celestial, lo etéreo y lo angélico.

Jean Claude Chapuis ha investigado a fondo toda la música que puede dar de sí el cristal, escribiendo varios libros sobre el tema, dando conciertos, componiendo, fabricando sus propios instrumentos, e incluso creando un taller donde investigar y desarrollar nuevas técnicas. La limitación sonora de sus instrumentos exige una técnica extremadamente cuidadosa que, al excluir por principio los fortissimos, debe buscar los matices de intensidad con muy leves variaciones.

En la página web del Transparences Musiverre pueden escucharse algunos fragmentos.

Por mi parte, he rebuscado en YouTube un vídeo con el que se pueda visualizar el modo de tocar las copas de cristal. Esto es lo que he encontrado (la ejecución no es del todo perfecta, y el vídeo tiene algún que otro problemilla, pero creo que os gustará):

La pista sobre Chapuis se la debo al blog Chercheurs de sons.

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27 Noviembre 2006

Lanzamiento de piano

En un episodio de la teleserie Doctor en Alaska (Northern Exposure, 1990-1995), Chris, el locutor y disc-jockey de la emisoria local de Cicely, se empeñaba en lanzar por los aires una vaca sirviéndose de una catapulta. He tardado años en conseguir ese episodio, y lo he estado viendo hace poco. Me gusta tanto que incluso he conseguido localizar en Cicelyonline dos de los monólogos que Chris dirige a toda Cicely acerca de lo que él llama su momento de pureza.

El primero de los dos monólogos lo realiza desde la emisora, y en él manifiesta sus dudas y dificultades técnicas para poner en marcha su idea:

Último informe del mundo artístico: esta mañana cogí del vertedero dos amortiguadores de camión, dos maravillas; aguantarán una tonelada de presión cada uno. Sigo necesitando un cigüeñal, una válvula y una máquina de taladrar. Estoy agradecido a la gente de la granja Paninset por dejarme usar sus ejemplares de raza, aunque no quieran entrar en el juego. Sigo sin encontrar lo que estoy buscando ¿Hay alguien que quiera lanzar a su vaca? ¿Darle un paseillo? Chris por la mañana, K-OSO, Cicely, Alaska.

Es tan grande su incertidumbre que acabará sustituyendo a la vaca por un piano.

Aquí abro paréntesis. Puede que el paso del tiempo me dé una perspectiva un poco retorcida de las cosas, pero si Doctor en Alaska ha dado de sí tanto como para una tesis doctoral en nuestro propio país (excelente trabajo querida Silvia)… ¿Por qué razón no iba a yo afirmar que el lanzamiento de piano de Chris tiene a todas luces un profundo regusto a evento/concierto Fluxus?

Si fuera posible decir que Fluxus estuvo centrado en alguna cosa, entonces diré que esa cosa fue la música, o más bien un premeditado y siempre siempre divertido ataque contra la música, contra toda música, pero principalmente contra la música amable de los conciertos elitistas y los recitales benéficos, contra la música de formas y composiciones anquilosadas, contra los conciertos de gentes bienpensantes, contra la gris enseñanza de la música en los conservatorios. Fluxus fue –y quizá sea aún- una defensa de la creatividad que arrolla toda definición y todo límite formal o expresivo.

Herederos de Dadá (Kurt Schwitters, Richard Huelsenbeck), de los futuristas italianos (Luigi Russolo, Fortunato Depero) y también de la –entonces reciente- poética musical del azar y la indeterminación de John Cage, los artistas Fluxus quisieron hacer de la música un verdadero espectáculo, y para ello inventaron los conciertos de música visible, e hicieron de la música, por encima de todo, un juego, algo completamente nuevo hasta entonces. Un juego que a veces también llevaba en sí una profunda crítica cultural, social o política.

A veces los conciertos se ideaban únicamente sobre un papel. George Brecht compuso así su Concierto para Orquesta (1962):

VERSIONFLUX I
Los miembros de la orquesta intercambian sus instrumentos.

VERSIONFLUX II
Los miembros de la orquesta intercambian sus partituras.

VERSIONFLUX III
La orquesta se divide en dos equipos, vientos y cuerdas, colocados en filas separadas. Los intrumentos de viento deben prepararse para arrojar guisantes. Esto puede realizarse colocando un largo tubo en los instrumentos de viento. Los intrumentos de cuerda se estiran con las bandas de goma o hondas que se emplean para arrojar proyectiles de papel. Los intérpretes deben golpear a un intérprete del equipo opuesto con un proyectil. Un intérprete golpeado tres veces debe salir. Se intercambian proyectiles hasta que todos se agotan. El director actua como árbitro.

Otras veces los instrumentos musicales se inventaban ex-nihilo (como hizo Joe Jones), se destrozaban en público, se esculturizaban, y de entre todos los posibles, el piano fue con diferencia su predilecto y el objeto usual de sus ataques. Evidentemente no ocurrió así por casualidad: el piano representa en Occidente la cultura, y por ser un objeto casi de lujo da idea de cierta aristocracia y refinamiento. Vayamos por partes:

Fortunato Depero diseñó un Pianoforte-Motorruidista. Pero aún no he conseguido desentrañar el boceto.

Joseph Beuys, que durante la II Guerra Mundial había sufrido un grave accidente de aviación, envolvió un piano del modo que véis.

Parece algo así como un instrumento de emergencia para tocar conciertos entre las trincheras. O quizás represente a la cultura envuelta, amortajada, o enmudecida por la barbarie de la guerra.

La Monte Young sencillamente intentó dar de comer y beber a un piano de cola. Pero parece ser que no lo consiguió

En 1964 George Maciunas interpretó ante un público atónito su Pieza para piano nº 13, que consistía, como pueden ver, en clavar clavos sobre un piano y aporrearlo con un martillo.

Wolf Vostell, uno de los principales artistas fluxus, casado con una extremeña, artista conceptual con un pie en Alemania y otro en Cáceres, volvió en reiteradas ocasiones sobre el tema del piano. Quizás como nueva versión del piano-motorrruidista de Depero -o del fortuito encuentro entre un paraguas y una máquina de coser de Lautreamont- Vostell propició una cópula entre una motocicleta y piano, titulándolo Sarajevo (1994)

Construyó el Fluxus Piano Buick (automóvil americano con piano incorporado en el lugar del motor y el teclado en el salpicadero)

Así como el denominado Fluxus-Piano-Lituania Homenaje a Maciunas (1994):

Walter Marchetti daba conciertos de piano en los que hacía prácticamente cualquier cosa menos interpretar una pieza o tocar siquiera el teclado del instrumento.

No sé exactamente qué ilustra la foto que he colocado ahí, pero tiene toda la pinta de ser algo muy interesante.

La española Esther Ferrer, afín al movimiento Fluxus, y aún hoy en activo, diseñó este encantador piano volador:

Finalmente, en 2002 el artista serbio Dragoljub Todosijevic ideó su Segundo Piano Fluxus:

(No hace falta decir que el sentido de esta obra está perfectamente claro: representa a un piano que ha sido atacado por una escuadra de pensionistas cabreados)

El segundo fragmento textual de Doctor En Alaska que he conseguido localizar íntegramente, y que os ofrezco con satisfacción, es precisamente el discurso que Chris dirige al público momentos antes de accionar la enorme catapulta construida en las afueras del pueblo. Nuestro personaje ya ha desechado la idea de lanzar a la vaca, y la ha sustituido por un piano de pared que ha encontrado por casualidad entre las cenizas de la casa de Maggie:

Bienvenidos todos, bienvenidos, gracias por venir hoy. Supongo que todos sabéis que llevo aquí algunos días tanteando, intentado hacer realidad mi visión. Empecé concentrándome tanto en ella que perdí perspectiva. He llegado a descubrir que no se trata de la visión, se trata de tantear, tantear, anhelar y avanzar. Estaba tan obsesionado con lanzar la vaca que cuando Ed me dijo que los Monty Python ya lo habían hecho creí que estaba acabado. Tenía que olvidar esa vaca para poder ver otras posibilidades. En fin, quiero agradecerle a Maurice su ayuda para olvidar esa vaca. Gracias, Maurice, por hacer de Apolo para mi Dionisio en dialéctica cartesiana del arte. Y gracias a tí, Ed, porque la verdad nos hará libres. Y Maggie, gracias por compartir la destrucción de tu casa para que hoy tuviéramos algo que lanzar. Creo que Kierkegaard lo expresó muy bien: "la existencia es lo único que está en proceso de existir; el arte es lo mismo". James Joyce también tenía algo que decir: "bienvenida oh vida, voy a encontrarme por milésima vez con la realidad de la experiencia y a forjar en el yunque de mi alma la todavía no creada conciencia de mi raza". Hoy estamos aquí para lanzar algo que surgió de la inconsciencia colectiva de nuestra comunidad ¡Ed! ¿estás preparado? Lo que he aprendido es que lo que importa no es lo que lanzas, sino el lanzamiento mismo. ¡¡ Vamos a lanzar algo, Cicely !! Uno, dos, tres.... (suena el Danubio Azul de Johann Strauss)


Addenda:

El Museo Vostell-Malpartida acoge desde octubre de 2006 a marzo de 2007 la exposición Pianofortíssimo. Más información aquí.

Primera, segunda y tercera temporada de Doctor en Alaska ya disponibles en dvd. Más información en la K-Oso

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6 Junio 2006

Vinicio Capossela: Canciones a Manivela

Un cruce imposible entre Tom Waits y Renato Carosone. Eso es Vinicio Capossela. Imposible dar unas señas más precisas que este despropósito que acabo de pronunciar: un cruce genuinamente bastardo entre el genio deconstructivo de Los Ángeles y el legendario compositor de la canción ligera napolitana. Gasolina y almíbar.

Dice la leyenda que Vinicio Capossela (Hannover, 1965) ha vivido más de una temporada en su propio automóvil, que allá por los años 80 formó una maltrecha banda llamada The Hurricanes, y que ha recorrido la mitad de los antros de Europa. Su discografía reúne al crooner mafioso, al cantante de mambo y bolero, al gitano balcánico, al rockero de Las Vegas, al bohemio vanguardista, al cantante de tangos malevos, al pianista de crucero… una especie de marxista sinfónico, y sí, algo bastante similar a un pastelero trotskista, por citar al amigo Moretti.

El otoño pasado, después de tantear durante un tiempo a este cantautor cosaco, encargué en mi tienda de discos uno de los álbumes más complejos, sugerentes, y adictivos que he oído en mi vida: las Canzoni a Manovella (2000).

A lo largo de 17 tracks Capossela desgrana una música solo idónea para ambientar su propio salón de baile dieciochesco, su pista de circo, su crucero, su vagón de tren que arde por los cuatro costados, su submarino napolitano y sueco, su nave industrial, su mercedes descapotable y petrodólar, su cabina de zepelín, su séquito de marajá, su monóculo y su monociclo…

Ayudado por una producción sobresaliente y amigos como Pascal Comelade o Marc Ribot (uno de los guitarristas habituales de Tom Waits), Vinicio ameniza el Viaje con un conjunto completamente heterogéneo de instrumentos: pianos de todas clases (incluyendo uno de juguete), guitarras, contrabajo, acordeones, orquesta de vientos (la del gran Roy Paci) y cuerdas, glockenspiel, conga, botellas, megáfonos, y hasta un cañón.

Una vez recibido el disco (que no me salió nada barato, pero que valió bien la pena) pude ojear en profundidad las letras. Me encontré con un cuadernillo interior muy cuidado, y letras como esta:

…un claro homenaje a los Caligramas (1914) de Guillaume Apollinaire, el poeta del cubismo, del amor, y miren por donde, también de los cañonazos.

Pero no terminan aquí las referencias. Ya la misma portada del disco (la imagen que abre este post) es quizás un guiño al personaje que encarna Buster Keaton en The Navigator (1924). Bardamú, la canción que abre el cedé, es un homenaje a Ferdinand Bardamú, el protagonista de las novelas de Céline, y Decervellamento es una genial adaptación de la Canción del Descerebramiento que compusiera el histriónico –y de gatillo nervioso- Alfred Jarry. En los créditos Vinicio aclara a quien van dedicadas y dirigidas sus canciones de máquina de vapor y mascarada:

Ai pioneri aerostatici, ai temerari, ai marinai in bottiglia, a Céline, al revolver di Jarry e in generale a tutti quelli che hanno avuto il coraggio di buttarsi “Se non ti dà in corpo ti dà in pancia”.

No dejen de echar un vistazo al videoclip (que ya les ofrecí en otro post anterior). Les será de gran ayuda en su vida diaria.

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