La Coctelera

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Categoría: Libros Cuadrados

1 Julio 2009

Antología de Bocetos

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El mundo está lleno de bocetos. No es sólo boceto lo que el pintor realiza como acercamiento a la obra que quiere conseguir. El humo de un cigarrillo, las propias líneas que surcan nuestro cuerpo, los gestos de nuestras manos, las nubes que sobrevuelan nuestras cabezas son en cierto modo bocetos. Incluso nuestra propia vida es el esbozo de la vida que algún día soñamos tener.

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Antología de Bocetos es un libro escrito e ilustrado por Óscar Pérez y Daniel Monedero y ha sido lanzado a través de su proyecto editorial: El Canibalibro. Ambos han tenido la gentileza de permitir la descarga completa del libro para que puedas pasarlo por tu impresora y armarlo fácilmente por tí mismo. Me quito mi ajado sombrero de copa ante la sencilla poesía que hay en los textos y las ilustraciones de estos caníbales.

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26 Abril 2009

Boletín Ramón

El pasado mes de noviembre salió a la luz el número 17 del Boletín Ramón, y mucha atención, porque esta publicación no solo es la única dedicada por entero al estudio de la vida y la obra de ese inclasificable espectacular que fue Ramón Gómez de la Serna, sino que además es la única revista científica cuya aparición semestral se produce siempre en primavera (en la primavera de Madrid o en la de Buenos Aires). Os cuento esto porque en este número se le ha colado a Juan Carlos Albert, su director, un artículo algo más que discutible titulado El Aleph de Ramón: una tentativa de inventario del estampario de Ramón Gómez de la Serna. El autor del texto se ha empeñado en dar a conocer y desglosar la supuesta utilidad de los inventarios que en esta maquinaria han aparecido desde el mes de diciembre de 2007. Vamos, un caso clínico. A pesar de esto la publicación no solo es un espacio altamente recomendable para todo ramoniano que se precie, ya que cuenta con aportaciones de prestigio, sino que además se puede solicitar gratuitamente acudiendo aquí.

El escritor durante la emisión de su programa de radio en Unión Radio desde su despacho en la calle Villanueva, 38

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Descárgate gratis o lee el Boletín Ramón nº 17
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Mucha más información y otros boletines anteriores en Ramóngómezdelaserna.net

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23 Marzo 2008

Viaje a la Luna

Estaba la Luna en el lleno y el cielo despejado, y ya habían sonado las nueve de la noche cuando, regresando de Clamart, cerca de París (cuyo actual mayorazgo, el señor Cuigy, nos había obsequiado a mis amigos y a mí), los múltiples pensamientos que esa bola de azafrán nos sugirió fue divirtiéndonos durante nuestro caminar; porque con los ojos anegados en ese gran astro, ya lo consideraba alguien como una buhardilla del cielo; ya otros aseguraban que era la plancha con que Diana saca brillo a la pechera de Apolo, y otros creían que bien pudiera ser el Sol, que habiéndose despojado de sus rayos por la tarde miraba por un agujero lo que pasaba en el mundo cuando él no estaba alumbrándolo. “Y a mí –les dije yo-, que me complace unir mis entusiasmos con los vuestros, me parece, sin que me seduzcan vuestras agudas hipótesis, con las que pretendéis distraer el tiempo para que pase más deprisa, me parece, os digo, que la Luna es un mundo como este vuestro, y que a su vez la Tierra sirve de Luna a esa que veis vosotros”.

Historia Cómica o Viaje a la Luna, Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac. 1657.

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30 Septiembre 2007

Aeronáutica y Pintura

Globo aerostático. Atribuido a Francisco de Goya

Joseph Michel (1740-1810) y Jacques-Etienne Mongolfier (1745-1799) eran fabricantes de papel en Annonay, un pueblo francés próximo a Lyon, donde hicieron las primeras pruebas con globos de aire caliente a finales de 1872. El 25 de abril siguiente acertaron a elevar un globo de cierto tamaño hasta una altura de 300 metros, y fue el 4 de junio de ese mismo año de 1783 cuando realizaron su primera demostración en público. El globo en cuestión, de 11 metros de diámetro y relleno de aire caliente, efectuó su memorable vuelo durante unos diez minutos, en solitario y sin tripulación. El acontecimiento despertó tal expectación que, desde Annonay, la noticia se difundió a enorme velocidad por Europa para los medios de entonces y ese mismo año los experimentos se repitieron en diversas partes del mundo.(...)

La partida del globo, G.F.T. Nadar, 1870

En España, ni los técnicos ni los artistas quedaron al margen de tan revolucionarios acontecimientos. Al ingeniero canario Agustín de Betancourt y Molina (1758-1824), se debe la exitosa elevación de nuestro primer globo aerostático. Ésta tuvo lugar en Madrid, el 29 de noviembre de 1783, apenas unos meses después del primer lanzamiento Montgolfier, en un escenario y con un público escogidos: la casa de campo del Infante Don Gabriel, a la que ese día acudieron el monarca Carlos IV y parte de su corte. Cuando al cabo de dos minutos de ascensión el globo realizado con tafetán barnizado desapareció entre las nubes, cuenta la crónica que el propio monarca se quitó el sombrero.

Vista del puente de Sèvres, Henri Rousseau, 1908

Aeronaútica y Pintura es el singular título de un grueso catálogo de imágenes reunidas, comentadas y prologadas por Carmen de Cima Suárez y Ana Vázquez de la Cueva y editado por Aena en 2001. Desde las veduti venecianas, pasando por los cuadros de los aeropintores futuristas hasta llegar a los terrenos del pop art y las últimas tendencias, en el libro se reúnen obras pictóricas del siglo XVIII al XX, de todos los estilos y escuelas, cuyo punto en común es la presencia en ellos de algún prodigio de la aeronaútica: aerostatos, dirigibles, aviones, y helicópteros, plasmados con los ojos de la descomposición cubista, por la mano del pintor cortesano y del romántico, o con estéticas hiperrealistas, suprematistas, o surrealistas.

El dirigible y la torre, Robert Delaunay, 1909

Sobrevolando en espiral el Coliseo, Guglielmo Sansoni, 1931

Leyendo sus páginas se entera de uno de cosas importantes, como por ejemplo el papel fundamental que jugaron los aerostatos durante el asedio de París en 1871; o la no muy conocida afición a la aerostática de Nadar -el celebre fotógrafo que retrató a la flor y nata de la sociedad parisina- afición que complementó, curiosamente, con la paleta de pintor (el catálogo contiene uno de sus lienzos). Entre las narraciones más divertidas están todas aquellas que tratan sobre los pioneros del siglo XVIII: en una Francia a punto de embarcarse en la Revolución, la fiebre aerostática propició numerosas ascensiones, cuya visión provocaba unas veces un asombro sin límites, y otras verdadero pánico. Tanto es así que en 1783 un globo extraviado a varios kilómetros del lugar del despegue fue recibido a garrotazos por los campesinos ajenos al evento, creyendo que se trataba de algún animal desconocido.

Globo Rojo, Paul Klee, 1922

Compendios como el de Aeronaútica y Pintura, aparentemente tan arbitrario o improbable, son imprescindibles porque demuestran que la pintura, y por extensión toda la historia del arte, puede abordarse desde puntos de vista muy diferentes a la habitual clasificación cronológica de los periodos artísticos. El jugoso estudio histórico y científico, y los pormenorizados comentarios de las obras que contiene, lo convierten en un libro altamente disfrutable.

¡Whaam!, Roy Lichtenstein, 1963

De entre todas las láminas que contiene el catálogo me ha llamado muy especialmente la atención una obra del pintor estadounidense Mark Tansey (San José, California, 1949). En el lienzo –que se puede observar a mayor tamaño aquí- se desarrolla una escena que alude a las primeras tentativas de vuelo de los hermanos Wright, pero donde estos han sido sustituidos por dos pintores cubistas que están probando un aparato recién construido, una suerte intermedia de planeador rudimentario y constructo propio del cubismo sintético. A bordo del aparato se encuentra Picasso, y Braque acompaña desde tierra a su compañero. Esta pequeña broma de Tansey está cargada de significado: cubismo e inicios de la aviación compartieron cronología, y ambos representaban únicamente el balbuceo de todo lo que estaba por llegar, en el campo de la aeronaútica y en el de la pintura contemporánea.

Picasso y Braque, Mark Tansey, 1992

(Tansey ha inspirado su cuadro directamente en las fotografías originales tomadas durante los primeros experimentos de los hermanos Whrigt:)

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24 Septiembre 2007

Abre bien los ojos, mira

Hace varios meses que terminé de leer La Vida: Instrucciones de Uso, una novela apasionante que resulta dificil de explicar y recomendar a los amigos. En un primer momento, antes incluso de hincarle el diente al libro, tuve la necesidad de conocer cosas -casi cualquier cosa- acerca del autor, pero no son muchos los datos que sobre Georges Perec se pueden obtener en la red: nacido en 1936, huérfano de judíos exterminados en la II Guerra Mundial, inicios como escritor a principios de los sesenta, pertenencia al grupo experimental OULIPO (junto a Italo Calvino y Raymond Queneau), creador de crucigramas y lipogramas, empleado como documentalista en una biblioteca, publicación de su novela más importante en 1978, es decir, poco antes de morir, con apenas 46 años...

Lo que ocurre es que cuando se rastrean estos datos es inevitable toparse con fotografías como la que abre este post, la cual creo que, cuando menos, despierta la curiosidad. No tuve más remedio que ponerme a la labor de reunir más y más retratos de Perec, todos los posibles. Este hombre tan simpático merecía, de entrada, mi respeto. En la expresión de su cara había algo especial. Más tarde he comprendido que la mente de Perec debió ser algo así como un grueso cuaderno de notas en el que lo anotaba todo, absolutamente todo, con la esperanza de reducir los elementos más dispares a un orden de proporciones y correspondencias, igual que ocurre en un crucigrama.

Algún que otro pensador afirmó que tras el horror de la II Guerra Mundial y el holocausto judío, el arte nunca podría volver a ser el mismo, y que se convertiría, necesariamente, en un grito desesperado. Resulta curioso comprobar cómo la personalidad creativa de Georges Perec, que tiene su desarrollo en el contexto del existencialismo y otras desesperaciones (recordemos, Perec fue hijo de judíos perseguidos) no obedece exactamente a esas expectativas. Antes bien la obra de Perec da idea de un espíritu crítico y renovador, pero sobre todo da idea de una fuerza vital poco común, no exenta de humor y poesía. Leer La Vie... nos reconcilia con este mundo tan raro, porque su punto de partida es una noción del sinsentido y del azar que se transforma por medio de una pericia narrativa excepcional y de una imaginación sin igual en un todo organizado, arbitrario, encantador, desesperante, mágico. Una mentira compleja y fascinante. Una de las mentiras mejor escritas de la literatura. El retoño más divertido del existencialismo.

Si se atreven a meterle mano a la novela no olviden, entre las muchas posibles, solo dos recomendaciones básicas que yo les hago a título personal. La primera es que si no le gustan las novelas dotadas de prolijas descripciones, no lo intente con esta: La Vie... es una enorme descripción, fría, objetiva y prolijísima que se alarga más allá de las 500 páginas, alcanzando en algunos casos el grado de pura y dura enumeración. Ciertamente, la idea es brutal, pero también apasionante: La Vie es la descripción de un edificio, con todas y cada una de las cosas que contiene, pero de la descripción de las viviendas, su mobiliario y sus objetos, Perec pasa a describirnos la vida de sus moradores, los que son y los que fueron, y en este punto el relato se bifurca hasta límites insospechados: una miríada de vidas entrecruzadas que abarcan buena parte del siglo XIX y XX así como una buena porción de la geografía terrestre.

Segunda recomendación: Alain Korkos, ilustrador, conferenciante e ilustre autor del blog La Boîte à Images, ha elaborado una Tentative de Recensement de une Iconographie Perecquienne, es decir, se ha embarcado en un preciso análisis de cada uno de los capítulos de la novela con el objetivo de reunir algo así como un catálogo on-line de los innumerables objetos y obras artísticas que aparecen en la novela. La empresa es por definición imposible, pero el trabajo realizado hasta el momento por Korkos es verdaderamente impresionante. No dejen de acudir a esta herramienta para visualizar y comprender el mundo objetual y las referencias visuales de Perec.

La sonrisa de Perec en estas fotografías es la alegría de alguien que sabe que la vida lo que no tiene es remedio, la incontrovertible ironía de un escritor cuyo mayor entretenimiento fue dedicarse laboriosamente a abrirnos miles de posibilidades inexploradas, como si hasta el momento de acometer la novela nuestra percepción de la realidad hubiera sido extremadamente pobre y solipsista. No olvidemos que al inicio de La Vie... Perec colocó un breve renglón entresacado de Miguel Strogoff, la famosa novela de aventuras de Julio Verne. La cita tan solo dice: abre bien los ojos, mira. Así pues es preciso -es absolutamente preciso- abrir bien los ojos, ya que eso es lo que parece hacer Perec desde estas fotografías, observarlo todo, escrutarnos incluso a nosotros mismos -¿quién mira a quién?- congelado en un asombro y en una curiosidad sin límites, calculando el modo en que hasta el detalle más nimio de nuestra vida podría formar parte de su sistema organizado. En efecto, el modo de mirar, de pensar y de crear de Perec es tan arbitrario como otro cualquiera, pero el suyo al menos es divertido, y reclama nuestra inteligencia, lo cual ya es cada vez menos habitual.

Algunos enlaces (más):

- Georges Perec o la literatura como arte combinatoria, de Adolfo Vásquez Rocca

- Tentativas de construir un autor infinito, por Matías Serra Bradford.

- Cuatro figuras para La Vida Instrucciones de uso.

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12 Junio 2007

Riki Blanco: ilustrador a fuego lento

Ocurre a veces que consideramos la ilustración de libros como una disciplina menor que apenas tiene derecho a levantar la mirada hacia su hermana mayor, la Pintura. Es más, ocurre como si la ilustración de libros, por su naturaleza práctica y porque obedece siempre a los límites de un texto, tuviera los pies mejor asentados en la tierra que la libérrima pintura, tan altanera ella, ya que tanto le costó a los pintores ganar su parcela de nobleza artística hace ya muchos siglos. La cuestión, desde luego, no es nueva.

Si observamos la obra del ilustrador, escritor –y en suma, artista sin más- Riki Blanco, se hace patente que la ilustración de libros, como disciplina autónoma, puede albergar, y de hecho alberga, todas las maravillas, todos los encantos. Ilustrar un libro –supongo que ya lo he escrito en alguna parte de la maquinaria- no es tarea fácil, ya que la supuesta limitación de que disfruta el ilustrador no es sino un acicate para redoblar la imaginación, y para establecer diálogos con el texto. No creo equivocarme al afirmar que las tensiones que se establecen entre la parte escrita y la plástica constituyen un juego, un equilibrio (funambulístico, sí), casi adictivo.

En uno de los aforísticos –y completamente inéditos- ensayitos de Carmelo López de Arce leí una vez: “el encargo es bueno” (así, sin más), y yo lo suscribo. Carmelo decía esto porque, ante la estulticia generalizada en el mundo del arte, había decidido hacerse a sí mismo sus encargos, imponiéndose un tema, una técnica, unas medidas, etc… Y he aquí el talento de Riki Blanco, que no contento con un currículum de vértigo (a pesar de su juventud, y fruto de un laaaargo número de encargos), y para demostrar que la tarea del ilustrador es cualquier cosa menos una tarea mecánica, emprende sus propias publicaciones, como los deliciosos Cuentos Pulga, en los que texto e imágenes han salido de su misma mano de escritorpintor.

Las imágenes que pare la imaginación de Riki poseen dos cualidades. En primer lugar se sostienen como hermosas obras plásticas por su exquisita correción técnica y su agudeza visual, y en segundo lugar poseen algo así como pequeñas historias en su interior.

Y por si fuera poco todo esto, Riki Blanco además se ha empeñado en la tarea suicida y honorable, no ya de escribir libros, sino de editarlos mediante la plataforma de Ediciones Fràgil que pone en circulación “números numerados y de elaboración artesanal. A la venta en algunas librerías de Barcelona. Más bien pocas. O bien en mano”.

Todas las imágenes que véis han salido de la página web de Riki Blanco

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23 Abril 2007

El Espejo en el Espejo

Sobre la amplia superficie gris del cielo se deslizaba un patinador, cabeza abajo, con la bufanda de lana al viento. Podía hacerlo, pues el cielo estaba helado.

Con narices goteantes y bocas abiertas, la
multitud contemplaba el espectáculo desde la tierra, señalaba hacia arriba y aplaudía a veces cuando el patinador realizaba un salto (naturalmente, al revés) especialmente difícil.

Patinaba describiendo arcos y lazadas, trazando una y otra vez las mismas figuras hasta que la huella de su carrera quedó grabada en el cielo. Entonces se vio que eran letras, un mensaje urgente quizás. Luego se alejó y desapareció a lo lejos detrás del horizonte.

La multitud miraba fijamente el cielo, pero nadie conocía el alfabeto, nadie podía descifrar lo escrito. Despacio desapareció la huella y el cielo volvió a ser una amplia superficie gris solamente.

La gente se fue a casa y olvidó pronto el
incidente. Cada cual tiene, después de todo, sus propias preocupaciones y, además, quién sabe si el mensaje era realmente tan importante.

El espejo en el Espejo. Michael Ende. Alfaguara, 1986. Traducción de Anton y Genoveva Dieterich.
La ilustración es de Edgar Ende

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7 Marzo 2007

Los libros de Morell


La fotografía de Abelardo Morell (La Habana, 1948) presenta registros amplios, pero al autor de este blog le causan especial interés sus fotografías de libros, como es normal. Es de admirar que un objeto aparentemente común e inofensivo como un libro pueda dar tanto de sí. Morell, como Ulises Carrión, y como yo mismo he aprendido, sabe que en los libros ocurren cosas, muchas cosas, y que si no ocurren por sí mismas, esas cosas pueden provocarse. Morell provoca sucesos, miradas, nuevas perspectivas con el ojo de su cámara.

Es preciso prestar atención a las páginas, y es aún más preciso saber jugar, encontrar en los objetos esa segunda vida que Ramón Gómez de la Serna supo ver, que Joan Brossa fabricó, y que Chema Madoz sigue fotografiando. Abelardo Morell toma las páginas, las dobla, las extiende, las vuelve a doblar y las observa desde múltiples puntos de vista, recorta las figuras, se acerca como con una lupa al corte y a los lomos, y consigue hacernos llegar la humedad de la celulosa y el polvo acumulado.

Así, de lo inanimado surgen historias, como sus variaciones sobre Alicia en el País de las Maravillas. Y si los libros no bastaren, disfruten su mirada sobre el teatro, o la serie certeramente llamada Camera Obscura.

Página web de Abelardo Morell

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