La Coctelera

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Categoría: Arte?

16 Febrero 2008

René Maltête

Fugue

Es triste que La Boîte à images haya dejado de emitir. Era un blog estimulante e inteligente como pocos, y en el podía uno descubrir gemas como la fotografía de René Maltête (1930-2000).

7 péchés capitaux

Las fotografías de Maltête recogen el relevo de grandes maestros franceses como Doisneau o Ronis, pero con un tono ligeramente distinto, menos afectado, y aunque cargado de lirismo, se trata de una poesía basada en la paradoja, el humor o la ironía. Alain Korkos, precisamente, pone en relación algunas de sus fotografías con las viñetas de dibujantes humorísticos como Jean Bosc o Chaval.

Majorite

Pape

No es casual que Maltête alternara la fotografía con la publicación de varios libros de poemas a lo largo de su vida, llegando en alguna ocasión a editarlos conjuntamente. En este sentido, el tono de su obra quizás sea similar al de aquel otro poeta y guionista de cine que fue Jacques Prévert.

Demarrage

Observen con atención las fotografías de Maltête, nada es lo que parece en el primer vistazo. Todo es tan sumamente simple como sagaz.

Groupe

Maths

Parc
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Página web sobre René Maltête con gran cantidad de fotografías
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Tags: fotografia

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11 Noviembre 2007

El Señor García

Los collages del Sr. García se diferencian del resto por su versatilidad. Observando estas obras aparentemente tan sencillas, se vislumbra a un creador tan despreocupado como metódico. El oficio de diseñador o de puro agitador visual toma forma en el caso del Sr. García haciendo acopio de técnicas que se combinan entre sí de un modo feliz. El collage no se reduce aquí al mero acoplamiento quirúrgico de elementos dispares -si es que el collage fue alguna vez definido así- sino que posee un trasfondo plástico más fuerte.

Más allá de las distorsiones lógicas y de los desplazamientos de las figuras, es decir, del mero fotomontaje, el Sr. García crea superficies donde las texturas, los colores, el movimiento y la composición juegan un papel fundamental. No es, desde luego, una vía nueva, pero se agradece ese extraño equilibrio entre lo puramente plástico –que satisface nuestra retina- y cada uno de esos seres y objetos transformados, desgarrados, reinventados, que llaman al timbre de nuestro cerebro para alojar un mensaje vagamente subversivo.



El Sr. García parece disfrutar haciendo acopio de papeles estampados, envoltorios, prensa, y sobre todo publicidad demodé. Pueblan sus imágenes seres imposibles, tristes a veces, a veces agresivos, y a veces justificados en una absoluta y encantadora vacuidad pop. Estos collages supuran una ácida crítica de los medios de masas, y en su dislocamiento me recuerdan –no puedo evitarlo- a aquellos otros collages de Hanna Höch.

Made for a party, 1936, Hanna Höch

No hay, desde luego, nada nuevo bajo el sol, pero el Sr. García se ha ganado un lugar bajo el sol de nuestros días.

Página web del Sr. García
Colageando en Flickr
Tags: collage

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30 Septiembre 2007

Aeronáutica y Pintura

Globo aerostático. Atribuido a Francisco de Goya

Joseph Michel (1740-1810) y Jacques-Etienne Mongolfier (1745-1799) eran fabricantes de papel en Annonay, un pueblo francés próximo a Lyon, donde hicieron las primeras pruebas con globos de aire caliente a finales de 1872. El 25 de abril siguiente acertaron a elevar un globo de cierto tamaño hasta una altura de 300 metros, y fue el 4 de junio de ese mismo año de 1783 cuando realizaron su primera demostración en público. El globo en cuestión, de 11 metros de diámetro y relleno de aire caliente, efectuó su memorable vuelo durante unos diez minutos, en solitario y sin tripulación. El acontecimiento despertó tal expectación que, desde Annonay, la noticia se difundió a enorme velocidad por Europa para los medios de entonces y ese mismo año los experimentos se repitieron en diversas partes del mundo.(...)

La partida del globo, G.F.T. Nadar, 1870

En España, ni los técnicos ni los artistas quedaron al margen de tan revolucionarios acontecimientos. Al ingeniero canario Agustín de Betancourt y Molina (1758-1824), se debe la exitosa elevación de nuestro primer globo aerostático. Ésta tuvo lugar en Madrid, el 29 de noviembre de 1783, apenas unos meses después del primer lanzamiento Montgolfier, en un escenario y con un público escogidos: la casa de campo del Infante Don Gabriel, a la que ese día acudieron el monarca Carlos IV y parte de su corte. Cuando al cabo de dos minutos de ascensión el globo realizado con tafetán barnizado desapareció entre las nubes, cuenta la crónica que el propio monarca se quitó el sombrero.

Vista del puente de Sèvres, Henri Rousseau, 1908

Aeronaútica y Pintura es el singular título de un grueso catálogo de imágenes reunidas, comentadas y prologadas por Carmen de Cima Suárez y Ana Vázquez de la Cueva y editado por Aena en 2001. Desde las veduti venecianas, pasando por los cuadros de los aeropintores futuristas hasta llegar a los terrenos del pop art y las últimas tendencias, en el libro se reúnen obras pictóricas del siglo XVIII al XX, de todos los estilos y escuelas, cuyo punto en común es la presencia en ellos de algún prodigio de la aeronaútica: aerostatos, dirigibles, aviones, y helicópteros, plasmados con los ojos de la descomposición cubista, por la mano del pintor cortesano y del romántico, o con estéticas hiperrealistas, suprematistas, o surrealistas.

El dirigible y la torre, Robert Delaunay, 1909

Sobrevolando en espiral el Coliseo, Guglielmo Sansoni, 1931

Leyendo sus páginas se entera de uno de cosas importantes, como por ejemplo el papel fundamental que jugaron los aerostatos durante el asedio de París en 1871; o la no muy conocida afición a la aerostática de Nadar -el celebre fotógrafo que retrató a la flor y nata de la sociedad parisina- afición que complementó, curiosamente, con la paleta de pintor (el catálogo contiene uno de sus lienzos). Entre las narraciones más divertidas están todas aquellas que tratan sobre los pioneros del siglo XVIII: en una Francia a punto de embarcarse en la Revolución, la fiebre aerostática propició numerosas ascensiones, cuya visión provocaba unas veces un asombro sin límites, y otras verdadero pánico. Tanto es así que en 1783 un globo extraviado a varios kilómetros del lugar del despegue fue recibido a garrotazos por los campesinos ajenos al evento, creyendo que se trataba de algún animal desconocido.

Globo Rojo, Paul Klee, 1922

Compendios como el de Aeronaútica y Pintura, aparentemente tan arbitrario o improbable, son imprescindibles porque demuestran que la pintura, y por extensión toda la historia del arte, puede abordarse desde puntos de vista muy diferentes a la habitual clasificación cronológica de los periodos artísticos. El jugoso estudio histórico y científico, y los pormenorizados comentarios de las obras que contiene, lo convierten en un libro altamente disfrutable.

¡Whaam!, Roy Lichtenstein, 1963

De entre todas las láminas que contiene el catálogo me ha llamado muy especialmente la atención una obra del pintor estadounidense Mark Tansey (San José, California, 1949). En el lienzo –que se puede observar a mayor tamaño aquí- se desarrolla una escena que alude a las primeras tentativas de vuelo de los hermanos Wright, pero donde estos han sido sustituidos por dos pintores cubistas que están probando un aparato recién construido, una suerte intermedia de planeador rudimentario y constructo propio del cubismo sintético. A bordo del aparato se encuentra Picasso, y Braque acompaña desde tierra a su compañero. Esta pequeña broma de Tansey está cargada de significado: cubismo e inicios de la aviación compartieron cronología, y ambos representaban únicamente el balbuceo de todo lo que estaba por llegar, en el campo de la aeronaútica y en el de la pintura contemporánea.

Picasso y Braque, Mark Tansey, 1992

(Tansey ha inspirado su cuadro directamente en las fotografías originales tomadas durante los primeros experimentos de los hermanos Whrigt:)

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16 Septiembre 2007

Gian Paolo Dulbecco o el silencio de la pintura

L´isola felice

En la red, como en la vida, encontrar es siempre más
divertido que buscar. Pueden buscarse objetos, ideas, personas, y buscamos siempre en la certeza obstinada y metódica, pero muy frágil la mayor parte de las veces, de algo cuyos contornos creemos inútilmente intuir. Buscar es por demás una actividad infructuosa, y sus resultados son, estadísticamente, parcos y tristes. Solo el encuentro, el encuentro verdadero y revelador, nos redime del sinsentido, pero es algo que únicamente ocurre, para desesperación de unos, y para delectación de algunos (entre los que me incluyo), por azar. Y así es como tropecé con la pintura de Gian Paolo Dulbecco (La Spezia, 1941).

Il poeta

Decantación es probablemente la palabra que define con mayor precisión la obra de Dulbecco. Los espacios representados en sus cuadros están envueltos en un silencio que a veces es enigmático e inquietante, y a veces es gratificante como un abandono despreocupado en el que tenemos la certeza de que algo ínfimo y hermoso va a ocurrir. Un pasillo a contraluz, un corredor abierto e iluminado por el sol, el mar, pequeñas terrazas, muebles elegantes en habitaciones de un vacío límpido, inmensos jardines nocturnos habitados por polichinelas solitarios, ciudades míticas y desoladas... en Dulbecco se perciben, digeridos, la atmósfera de Giorgio de Chirico, el color, el canon y la inocencia El Aduanero Rousseau, y los bodegones humildes de Morandi.

Senza titolo

Dulbecco parece tener la honestidad necesaria para retomar la commedia dell´arte sin provocarnos hastío. Su vocación de clásico es tan obstinada como maleable, y ello le permite alcanzar el encanto. A veces, Dulbecco coloca un edificio como un recorte de cartón o un añadido escenográfíco y plano. Las líneas simples y armoniosas de estas construcciones ilusorias conforman acaso la vivienda de un marinero, y se muestran central y simétricamente, perfectas en su irrealidad, y junto a ellas el repetido polichinela (escribiente, poeta, músico, jugador de ajedrez), o un mono, o un hombre pensativo, alguna vez incluso un rinoceronte que habría hecho las delicias de Fellini.

Le ombre della sera

La casa del marinaio

Cuando nadie habita los espacios de Dulbecco, aún más se refuerza la idea de una pequeña escenografía en la que uno espera ver entrar -por la derecha, por la izquierda- a algún personaje estupendo: un obispo magnífico y cansado, una dama misteriosa y vestida de negro, un niño oteando el mar, un piloto de carreras haciendo pajaritas de papel. Y sin embargo, la ausencia de este reparto no solo no resta fuerza a estos enclaves sino que los hace más atrayentes: desde estos lugares en soledad el silencio nos llama y nos pasa un dedo calmo por la frente.

Divano rosso

Todas las imágenes proceden de la página web de Gian Paolo Dulbecco

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12 Junio 2007

Riki Blanco: ilustrador a fuego lento

Ocurre a veces que consideramos la ilustración de libros como una disciplina menor que apenas tiene derecho a levantar la mirada hacia su hermana mayor, la Pintura. Es más, ocurre como si la ilustración de libros, por su naturaleza práctica y porque obedece siempre a los límites de un texto, tuviera los pies mejor asentados en la tierra que la libérrima pintura, tan altanera ella, ya que tanto le costó a los pintores ganar su parcela de nobleza artística hace ya muchos siglos. La cuestión, desde luego, no es nueva.

Si observamos la obra del ilustrador, escritor –y en suma, artista sin más- Riki Blanco, se hace patente que la ilustración de libros, como disciplina autónoma, puede albergar, y de hecho alberga, todas las maravillas, todos los encantos. Ilustrar un libro –supongo que ya lo he escrito en alguna parte de la maquinaria- no es tarea fácil, ya que la supuesta limitación de que disfruta el ilustrador no es sino un acicate para redoblar la imaginación, y para establecer diálogos con el texto. No creo equivocarme al afirmar que las tensiones que se establecen entre la parte escrita y la plástica constituyen un juego, un equilibrio (funambulístico, sí), casi adictivo.

En uno de los aforísticos –y completamente inéditos- ensayitos de Carmelo López de Arce leí una vez: “el encargo es bueno” (así, sin más), y yo lo suscribo. Carmelo decía esto porque, ante la estulticia generalizada en el mundo del arte, había decidido hacerse a sí mismo sus encargos, imponiéndose un tema, una técnica, unas medidas, etc… Y he aquí el talento de Riki Blanco, que no contento con un currículum de vértigo (a pesar de su juventud, y fruto de un laaaargo número de encargos), y para demostrar que la tarea del ilustrador es cualquier cosa menos una tarea mecánica, emprende sus propias publicaciones, como los deliciosos Cuentos Pulga, en los que texto e imágenes han salido de su misma mano de escritorpintor.

Las imágenes que pare la imaginación de Riki poseen dos cualidades. En primer lugar se sostienen como hermosas obras plásticas por su exquisita correción técnica y su agudeza visual, y en segundo lugar poseen algo así como pequeñas historias en su interior.

Y por si fuera poco todo esto, Riki Blanco además se ha empeñado en la tarea suicida y honorable, no ya de escribir libros, sino de editarlos mediante la plataforma de Ediciones Fràgil que pone en circulación “números numerados y de elaboración artesanal. A la venta en algunas librerías de Barcelona. Más bien pocas. O bien en mano”.

Todas las imágenes que véis han salido de la página web de Riki Blanco

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30 Mayo 2007

Panamarenko

El naufragio de la Unión Soviética dio carpetazo final a las aspiraciones interestelares que tuvieron su punto álgido al otro lado del telón de acero en la década de los cincuenta y los sesenta. Panamarenko, nacido en Antwerp en 1940, parece el hijo malcriado y caprichoso de ese legado aeroespacial ya marchito. Su obra, iniciada en los epígonos del minimalismo y el arte conceptual (fue discípulo de Joseph Beuys), toma un nuevo rumbo a finales de los años 60, conectando con el auge de la carrera espacial y alimentando su obra de la imaginería cosmonauta. Su propio pseudónimo parece el de algún pionero espacial ruso.


Tomando como partida unos conocimientos de ingeniería bastante sólidos, Panamarenko dibuja y construye máquinas de todo tipo: automóviles, helicópteros, dirigibles, submarinos, naves espaciales y una plétora de seres y aparatos que parecen sacados de un frío y polvoriento parque de atracciones o de alguna película rusa de ciencia ficción. Son como juguetes enormes, caprichos que la industria nunca se atreverá a fabricar, objetos a veces poco tristes y desvencijados, como corresponde a los aparatos que han dado un gran uso y se convierten, en las salas de un museo, en documentos de un tiempo extinto.



¿Obras de arte o verdaderos prototipos? Panamarenko se sabe en el mismo territorio intermedio que frecuentó Leonardo da Vinci con sus elucubraciones y bocetos de máquinas, y estos aparatos representan otra parada (más) en la ruta que une la ciencia con el sueño.

Leonardo da Vinci, máquina voladora

Página web de Panamarenko

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24 Mayo 2007

El hermano del arquitecto

Para Robert y Shana Parkeharrison la fotografía no es, desde luego, el arte de lo inmediato. Sus fotografías requieren prolongadas y elaboradísimas puestas en escena, casi como si de una producción cinematográfica se tratase, y una vez hecha la foto, el proceso continúa con el retocado digital. La textura envejecida de las imágenes y la atmósfera densa de estas creaciones dan lugar a imágenes de una inmensa melancolía.

Inmersos como nos encontramos en una dinámica que desoye sistemáticamente los llamados al respeto por el medio ambiente, los Parkeharrison proponen una seria reflexión al respecto, pero su advertencia está trazada desde la geografía del sueño: es una bella crueldad colocar a ese caballero vestido de traje en mitad de la nada, desprovisto de todas las cosas que creemos que nos protegen: una estación de tren, un coche, un ordenador, las llaves de casa, o un donut.


Así pues, ese caballero anónimo, que podría ser cualquiera de nosotros, se ve obligado a reinventar las relaciones con la naturaleza, lo cual parece tener mucho de improvisación, de esfuerzo, y de reencuentro con el viento, las nubes, la tierra, las estrellas… Para ello debe cuidar de un paisaje que parece encontrarse convaleciente, sirviéndose de una nueva tecnología, frágil y rudimentaria. Su empeño, que casi nos parece inútil, posee la belleza de lo imposible y de lo mítico.



Página web de los Parkeharrison (ahora inmersos en creaciones algo más sencillas, y a color)

Serie The Architect´s Brother, alojada en la George Eastman House.

Tags: fotografia

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18 Mayo 2007

Doce composiciones para piano

Pianoscopio, de La Maleta de Rrose (2005)

Hace unos días el artículo sobre el Lanzamiento de Piano en Alaska recibió un interesante comentario de una tal Marga que decía así:

Q pena d blog... Como pianista q soy me avergüenzo de q haya gente semejante q eche a perder el trabajo d otros... Eso es arte? Eso es NO SABER Q HACER Y REÍRSE DE MI ARTE.

La opinión de Marga, tan respetable como cualquier otra, no tiene nada de original, porque el sentido de sus palabras coincide con el de una gran parte de la gente: según Marga Fluxus sería poco más que una falacia entre tantas otras a que ha dado lugar el arte de vanguardia. Como respuesta a esta polémica (que tanto ha tardado en asomar en la Maquinaria), propongo una demostración práctica de que Fluxus no es algo tan obtuso, ni tan cerebral, ni tan elitista como se suele considerar. Esta demostración consiste en el seguimiento atento de dos simples y sencillos pasos. Que cada uno ría hasta donde pueda, y que cada uno saque sus propias conclusiones.

Doce composiciones para piano dedicadas a Nam June Paik(1962), de George Maciunas

Composición nº 1 Haga que los transportistas del piano lo lleven al escenario
Composición nº 2 Afine el piano
Composición nº 3 Pinte dibujos de color naranja en el piano Composición nº 4 Con un palo derecho que tenga la longitud del teclado haga sonar todas las teclas al mismo tiempo
Composición nº 5 Coloque un perro o gato (o a ambos) dentro del piano y toque Chopin
Composición nº 6 Estire las 3 cuerdas más altas con la llave de afinar hasta que salten
Composición nº 7 Coloque un piano encima de otro (uno puede ser más pequeño que otro)
Composición nº 8 Colocar un piano hacia abajo y colocar un vaso con flores sobre la caja
Composición nº 9 Pintar un cuadro del piano para que el público pueda verlo
Composición nº 10 Escribir la composición para piano nº 10 y enseñarla al público
Composición nº 11 Lavar el piano y encerarlo bien

Composición nº 12 Haga que los transportistas se lleven el piano fuera del escenario

Charles Chaplin y Buster Keaton en Limelight (1952)

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